Un viaje al rededor de los museos

Museos pequeños, museos con encanto, museos poco conocidos, museos y/o fundaciones de mis artistas o arquitectos favoritos, museos que he tenido el gusto de visitar y que, por diferentes razones, merecerían volver a ser visitados.

Todos los textos y fotos de este blog son autoría y propiedad de Agustín Calvo Galán. Si quieres citarlos o usar las fotos, puedes hacerlo; pero, por favor, indica la procedencia y la autoría. Gracias.

martes, 10 de mayo de 2022

Museo Arqueológico de Bari (Italia)


Recorro la muralla de Bari. En uno de sus flancos, cerca del puerto moderno, que conecta esta parte de Italia gracias a numerosos ferris con Albania y Grecia, se encuentra el Museo Arqueológico, llamado de Santa Scolastica porque aquí estuvo un monasterio benedictino, destruido casi completamente para construir un baluarte militar.

Me detengo un instante frente a la puerta y una joven me pregunta si estoy esperando para la visita comentada. Le digo en español que no, pero que no me importaría unirme. La joven me sonríe, y no se percata de que no soy italiano hasta que no le doy la dirección de e-mail que me ha pedido para enviarme el recibo. Entonces me dice que la visita es en italiano, claro; no tengo problema, le respondo. Así que me uno a un grupo de 8 italianos y la guía y entramos en el museo.

La chica, que lleva colgando del cuello una acreditación, nos explica las diferentes utilidades y transformaciones que ha tenido/sufrido el edificio antes de ser museo: primero fue un monasterio (documentado ya en el 1102) y después el bastión de la muralla (del siglo XVI).

Entramos por un largo pasillo hacia la sala principal, que era el antiguo refectorio del monasterio, dedicada primero a la cerámica de épocas anteriores a la llegada de los griegos a estas costas, y a continuación a la cerámica griega de época clásica, así como su influencia en la cerámica que se hizo a partir de entonces en esta parte de la costa italiana.

Frente a un gran mapa de esta parte del sur de la península italiana, la guía nos explica dónde se han localizado las piezas que forman la colección reunida en el museo: unas son de asentamientos de población local y otras de colonias griegas. Toda esta parte fue, al fin, denominado posteriormente la Magna Grecia, pues la colonización helena llegó a ser dominante y se mantuvo hasta la expansión romano.

La cerámica griega, tanto de figuras rojas sobre fondo negro, como las de figuras negras sobre fondo rojo (más antiguas), que podemos ver en las vitrinas son de una calidad excepcional. La guía nos explica una serie de vasijas cuya decoración fue dedicada a explicar la orestiada. También algún detalle que refleja el teatro cómico popular de la época. Todas las figuras están dibujadas con una finura excepcional, me recuerdan bastante a las pinturas japonesas llamadas Ukiyo-e de época moderna. Algunas piezas se han extraído de yacimientos en la misma ciudad de Bari. La cerámica griega de época clásica dejó de tener fines utilitarios para convertirse en objeto artístico y de prestigio con el que los griegos comerciaban con todos los pueblos del mediterráneo. Algunas de estas cerámicas llegaron a ser objetos de culto, como lo demuestran las originales cerámicas encontradas en un hipogeo de Canosa de Puglia.

A continuación subimos a la segunda planta, donde encontramos diferente ajuares descubiertos en tumbas de la región. Destaca aquí la figura de un pequeño Apolo de bronce. También hay pequeños frascos de vidrio, figuritas, fíbulas y demás objetos de la vida cotidiana. Después, en un patio exterior vemos diferentes lápidas o estelas de época romana y griega.

Al fin, la guía nos lleva hasta los restos de lo que fue la antigua iglesia del monasterio, sepultados bajo la gran pared que formaba el bastión. Hoy todo se puede ver a la vez, transitando por encima de tarimas de vidrio, y comprobar como el presente se compone de varias capas históricas. Al salir del museo, la vieja Bari resplandece blanca bajo el actual sol de marzo.

http://www.museoarcheologicosantascolastica.it/index.php/it/

lunes, 14 de marzo de 2022

Museo Machado de Castro (Coímbra, Portugal)


La vieja ciudad de Coímbra se ha ido construyendo a lo largo de los siglos sobre una colina. En la parte más elevada se encuentra su famosa universidad, la más antigua de Portugal y una de las más antiguas de Europa. Y junta al histórico recinto universitario podemos encontrar el Museo Nacional de Machado de Castro en el que había sido Palacio Episcopal.

Se entra por un amplio patio. En uno de los extremos una columnata abierta hace de gran balconada, convenientemente llamada logia episcopal, desde la que asomarse a una parte de la ciudad. Abajo, el Mondego gira y sigue hacia el mar. Entramos en el museo y bajamos hasta el llamado criptopórtico romano. Debemos comenzar por el principio, es decir por la época romana, como en tantísimos lugares de la península Ibérica. Esta parte es un sitio arqueológico in situ, porque el edificio se asentó sobre las antiguas ruinas del foro romano; aquí se pueden recorrer, bajo arcos de medio punto de ladrillo, una infinidad de pasillos. Puntualmente encontramos algunos vestigios antiguos como los restos de unas esculturas clásicas, cabezas de emperadores, así como inscripciones latinas.

Seguimos el recorrido y volvemos a la primera planta, aquí está la parte más conocida del museo, donde se expone la historia de las artes y, en especial, de la imaginería religiosa portuguesa: esculturas de madera, piedra y otros materiales, así como relicarios de diferentes época, joyas y muebles de sacristías, especialmente de época medieval y barroca, provenientes de diferentes iglesias cercanas a Coímbra. En el centro se ha reconstruido el interior de una iglesia o capilla llamada del tesorero, con toda el retablo del altar y esculturas adyacentes; resulta impresionante, pero la piedra limpia, casi blanca, parece que ha perdido la pátina del tiempo y nos muestra una monumentalidad desnuda de significado, casi contemporánea. 

A continuación subimos a la segunda planta. El ambiente es calmado, apenas hay visitantes, la falta de ventanas o aperturas al exterior y la luz tenue sobre las figuras religiosas invita a la contemplación. Pero en un momento dado accedemos a una sala con un gran ventanal desde el que se ve una calle de la parte antigua de Coímbra: casas, coches y gente paseando. Resulta extraño el contraste entre el afuera luminoso y cotidiano y estos interiores llenos de santos y vírgenes olvidadas, ya convertidos en meros objetos artísticos sin función práctica o espiritual. Ante la ventana hermética, pero transparente, anhelamos de repente estar afuera en vez de este transitar religioso amortizado y clausurado en el pasado.

http://www.museumachadocastro.gov.pt/


lunes, 3 de enero de 2022

Museo de Menorca (Mahón, Menorca)

 


La isla de Menorca ha sido, a lo largo de su historia moderna, británica, francesa y española. Solo por este hecho, ya nos despierta la curiosidad por saber más cosas de este pedazo de tierra tan cotizado. Pero esa es sola una parte de la historia de la isla, porque Menorca es bastante más: ofrece testimonios de muchas épocas pasadas, especialmente de la prehistoria. De todos son conocidos los yacimientos megalíticos llamados talayotes (o talaiots, en catalán) y también navetas. Por eso, en el centro de Mahón preguntamos en una oficina de turismo sobre los talayotes visitables. Una chica muy amable, que no sabe si contestarnos en catalán o en castellano, y su maravillosa confusión o imprecisión lingüística nos hace, a nosotros también, mezclar catalán y castellano como si no fueran dos lenguas separadas, sino dos lenguas hermanas y unidas para siempre; nos entrega un mapa de la isla muy detallado y nos señala con círculos unos cuantos yacimientos; además, nos dice que si estamos interesados en temas prehistóricos, muy cerca tenemos el Museo de Menorca donde podremos saber más cosas sobre estos monumentos tan enigmáticos. 
Callejeamos por Mahón y llegamos enseguida hasta las puerta del museo, que se encuentra ubicado en el antiguo convento de San Francisco, un imponente edificio de los siglos XVII y XVIII.
Nada más entrar, después de pasar por taquilla, accedemos al claustro del antiguo convento, aquí comienza la exposición temporal titulada "Almacenes de historia", que toma como referencia un cuatro de pintor desconocido del siglo XIX donde se representa el muelle de Llevant del puerto de Mahón en plena actividad comercial. Se trata de una obra coral, en la que aparecen más de un centenar de personajes, y donde están representados, además del perfil de la ciudad, un sinfín de motivos: oficios, actividades e, incluso, clases sociales. He aquí, precisamente, el gran valor estratégico de esta pequeña isla mediterránea: su impresionante puerto natural, codiciado desde la antigüedad por romanos, árabes y catalanes o más recientemente por británicos, franceses y españoles. Buena parte de la planta baja está dedicada a este cuadro, con informaciones complementarias sobre, por ejemplo, el comercio con América.
En las plantas superiores encontramos las colecciones permanentes del museo, con piezas desde la prehistoria, encontradas en los yacimientos de talayotes y navetas, pasando por la época romana, visigótica, musulmana, reconquista cristiana, hasta llegar a la actualidad, sin olvidar el papel que jugó el puerto de Mahón en la Guerra Civil española como una de las bases principales de la armada republicana. Encontramos obras cartográficas, monedas, fotografías antiguas, vestimentas tradicionales, herramientas de oficios varios y un larguísimo etcétera. 
Una isla es un lugar cerrado en sí mismo, aunque nunca aislado; por aquí han pasado todos los pueblos y ejércitos que el Mediterráneo ha conocido, pero tal vez en ningún lugar como este se pueda apreciar la pervivencia del pasado y su convivencia con la actualidad. Ahora ya podemos salir de Mahón y recorrer la isla con la excusa de ver talayotes.



domingo, 21 de noviembre de 2021

Museo Casa Lis (Salamanca)









Atravesamos el río Tormes por el Puente Romano, frente a nosotros la pétrea y luminosa Salamanca. La tarde nos acompañada con una temperatura agradable. Avanzamos hacia el centro histórico y, de repente, nos sorprende una fachada acristalada, ligera y colorida, con escalinata y balconada, que contrasta grandemente con el entorno clásico salmantino. Se trata de la Casa Lis, Museo Art Nouveau y Art Déco. Estamos ante su fachada trasera, que mira al río, mientras que la fachada principal, a diferente altura, da a la calle Gibraltar, que es hacia nos dirigimos para visitarla.

A principios del siglo XX, Don Miguel de Lis, rico propietario de una fábrica de curtidos, le encargó al arquitecto Joaquín de Vargas y Aguirre la construcción de un palacete urbano según el estilo modernistas que se estaba empleando en la arquitectura de la época en Bruselas, París o Viena. El resultado fue esta magnífica Casa Lis, única y sorprendente en tierras castellanoleonesas, inaugurada en 1906. La casa fue cambiando de propietarios a lo largo del siglo XX, hasta que en los años 70 fue abandonado y quedó en estado ruinoso. En los años 80, por fortuna, el ayuntamiento de Salamanca, consciente de su gran valor, la expropió y la renovó para convertirla en el actual museo.

Entramos y lo primero que nos deja con la boca abierta es el gran patio con columnas y techo acristalado en el centro de la casa. Los cristales de colores, con motivos abstractos, ligeramente paisajistas, dejan entrar la luz de la tarde y crea un espacio acogedor y sereno, repleto de tonalidades azules y verdes. En un rincón un piano, cuadros en las paredes y alguna que otra escultura llenan el espacio. Nos dirigimos primero, en la planta baja, a ver la exposición temporal, titulada "Tres visiones de España", con cuadros de nada más y nada menos que de Sorolla, Romero de Torres y Gutiérrez Solana. La recorremos admirados por el contrate que estos tres pintores coetáneos crearon en la historia del arte español, que coincide, pensamos, con las mismas vicisitudes, luces y sombras, del país a principios del siglo XX: Sorolla trae la claridad y el optimismo, no sin cierto melancolía, de la España mediterránea; Romero de Torres nos muestra la mujer andaluza, racial, castiza, con cierto aire simbolista y oscuro, tan en boga en toda la Europa de la época; por último, Gutiérrez Solana nos trae una España popular, festiva, pero también negra e irracional, de una religiosidad ancestral, aterradora y destructiva.

En el primer piso nos sorprende la colección de arte decorativo, donación del anticuario y coleccionista Don Manuel Ramos Andrade, formada por obras en pequeño formato de vidrio, pero especialmente por figurillas llamadas criselefantinas, obras típicas del art noveau europeo (realizas en talleres franceses o centroeuropeos) que dan forma a personajes tanto de la mitología como otros tipos femeninos fantasiosos, muy de moda en la época, hechas con una precisión y un preciosismo espectaculares. Estas figuras se elaboraban con varios materiales como el bronce, el esmalte y especialmente el marfil. La colección se completa con otro tipo de objetos de decoración y especialmente con muñecas antiguas, junto a las que pasamos rápidamente, porque estas niñas de porcelana, con sus rostros pretendidamente dulces e infantiles y sus ojos de azabache, siempre me han parecido algo terroríficas.

Cuando salimos, comienza a hacerse de noche y la ciudad se ilumina artificialmente para que podamos continuar paseando por ella.

http://www.museocasalis.org/nuevaweb/

 

miércoles, 20 de octubre de 2021

Museu do Côa (Vila Nova de Foz Côa, Portugal)

En 1994 el proyecto e inicio de las obras para la construcción de una presa en un lugar remoto del norte de Portugal dio a conocer al mundo una serie impresionante de grabados rupestres de época prehistórica. El gobierno portugués no quería parar las obras, la polémica abarcó a toda la comunidad internacional de especialistas en prehistoria; también los habitantes de la zona protestaron, convencidos de que la pérdida de los grabados seria irreparable. Al fin, tras unas elecciones, en 1996 el cambio de gobierno propició la paralización de las obras. En 1998 la UNESCO declaraba los grabados patrimonio de la humanidad. En el 2010 se inauguró el Museo del Côa en las cercanías de Vila Nova de Foz Côa como introducción y explicación al parque arqueológico que se había creado in situ.

Cuando llegamos al museo, nos recibe una gran pared de hormigón sobre una colina. El entorno no se deja ver. La entrada es una rampa que forma una grieta en el hormigón. Descendemos por ella hacia la oscuridad iluminada del interior del museo. Al comprar la entrada, una chica muy amable nos informan de las excursiones que se organizan para visitar los grabados prehistóricos in situ, en el parque arqueológico del Côa. Se realizan en 4x4, acompañados por un especialista. Nos apuntamos para uno de los grupos para el día siguiente. Cuando nos pide nuestros datos para reservarnos dos plazas, se da cuenta de que somos españoles y nos dice que la visita será en portugués, que si preferimos un grupo en inglés, pero le decimos que no hay problema, que preferimos que nos hablen portugués.

Pero hoy hemos venido al museo, que se define como un portal, o como se dice actualmente, como un centro de interpretación sobre los grabados del río Côa. Primero encontramos una sala donde se explica la historia de la lucha popular y científica por la conservación del patrimonio encontrado. En una gran foto, António Guterres, recién elegido primer ministro, saluda a la multitud. En otra sala se hace una introducción al arte prehistórico, en el que se conectan las obras artísticas de toda la Europa Occidental, desde Lascaux, pasando por Altamira, hasta llegar aquí, al río Côa. Cabe resaltar que este arte rupestre se ha relacionado o hermanado directamente con otros grabados al aire libre encontrados en Siega Verde, provincia de Salamanca.

Vemos reproducciones de algunos de los grabados más conocidos, complementados con una explicación sobre la fauna representada. Una de las características de estos grabados es que son acumulaciones de representaciones; es decir que sobre las mismas piedras se iban haciendo grabados, representando animales unos encima de otros, que es una característica que también presentan las pinturas en cuevas, y que aprovechan las formas y cortes de los paneles pétreos para dar forma a las cuerpos. Vistas a cierta distancia, las líneas crean una obra que más parece de arte abstracto. Pero, cuando uno se acerca, y dependiendo de la luz y de la atención que le prestemos, enseguida surgen los lomos de ciervos y las cabezas de los caballos más allá del embrollo de líneas. La natural simplicidad y el trazo sin errores nos permiten admirar un arte muy cercano a la naturaleza, moderno e intemporal, alejado por completo de los clichés del salvaje hombre prehistórico. En otra sala encontramos unos paneles interactivos, reconstrucciones de los hábitats de las personas que hicieron los grabados, etc.

Salimos del museo por el lado contrario al que hemos entrado, accedemos a unas terrazas sobre el edificio y nos encontramos con un paisaje extraordinario: a nuestros pies el río Duero pasa en calma entre colinas colmadas de viñedos, y un poco más allá se puede ver la desembocadura del río Côa en el Duero. El emplazamiento del museo es inmejorable. Efectivamente, es el portal ideal hacia las obras de arte rupestre que ahora forman el parque arqueológico que visitaremos felizmente mañana y que, durante unos años, estuvieron en peligro de desaparecer bajos las aguas de una presa.

https://arte-coa.pt/


miércoles, 1 de septiembre de 2021

Museo del Tratado (Tordesillas, Valladolid)

Frente al río Duero, en su camino hacia Portugal, en la localidad castellana de Tordesillas podemos encontrar las llamadas Casas del Tratado. Hacia tiempo que quería visitarlas porque desde siempre me ha parecido fascinante el Tratado de Tordesillas, y no porque —como habitualmente se dice y hemos estudiado— Castilla y Portugal se dividieran el mundo, sino porque dos reinos, dos países, se pusieron de acuerdo y pactaron unas reglas, por primera vez en la historia, para evitar futuros conflictos o disputas territoriales. ¿No es eso magnífico? Desgraciadamente, como los españoles nos explicamos tan mal nuestra historia a nosotros mismos, no somos capaces de ver las cosas a resaltar y de las que sentirnos orgullosos (que no son, precisamente, las de nuestro pasado colonial o conflictivo), y por tanto no sabemos reivindicar y valorar lo que, realmente, asombraría al mundo.

Las Casas del Tratado son, en realidad, dos palacios nobles, uno del siglo XV y otro del siglo XVII, que en 1994 fueron rehabilitados con el fin de rememorar o celebrar los 500 años de la firma del tratado de Tordesillas en 1494. Fue entonces cuando nació o se montó el actual Museo del Tratado.

Entramos bajo los blasones del palacio más antiguo y lo primero que nos encontramos es con unas vitrinas en las que se han reproducido las tres carabelas que llevó Colón en su primera expedición en busca de las Indias. Continuamos hacia las salas interiores de las Casas, que han sido acondicionadas como museo moderno e interactivo. Aquí se han colocado reproducciones tanto de mapas famosos anteriores a la era de los descubrimientos, como facsímiles de los elaborados con posterioridad al descubrimiento de América. También se han reproducido las páginas del tratado mismo, así como algunas naves de la época, blasones, etc. Ninguna de las obras son originales aquí, todo son reproducciones y no siempre de buena calidad. Aunque, eso sí, todo está conveniente explicado con unos grandes plafones. En realidad, las mismas Casas resultan históricamente irrelevantes, pues no es seguro que las embajadas plenipotenciarias de Portugal y Castillas se reunieran en ellas. Lo cierto es que muy cerca de aquí se encontraba el palacio real en el que estuvo muchos años recluida la reina Juana (llamada la loca) y tal vez fue ahí donde se reunieron. Tampoco eso es seguro. El caso es que lo único que queda actualmente de aquel palacio real forma parte hoy del Real Monasterio de Santa Clara, un monumento del Patrimonio Nacional famoso por su arquitectura mudéjar. 

Seguimos recorriendo las Casas, y junto a un patio, en una sala con una gran puerta que da al exterior, vemos una foto gigantes de los festejos que se organizaron en Tordesillas en 1994: los reyes Juan Carlos y Sofía junto a Mário Soares, presidente entonces de la República Portuguesa, y su esposa saludan al gentío reunido en las calles. En otro pequeño patio adjunto encontramos grandes maquetas de monumentos de Castillas y León como el Archivo de Simancas o alguna catedral.

Después, recorremos Tordesillas y nos alegra ver que en las calles estrechas de su casco viejo y en la misma plaza Mayor, lucen banderas de Castilla y escudos de Portugal colgados aquí y allá. Al menos los tordesillanos tienen muy presente que el famoso tratado puso su localidad en todos los libros de Historia.

http://www.tordesillas.net/-que-ver-/guia-de-museos/-/asset_publisher/U5fvla2vJBJH/content/museo-del-tratado-de-tordesillas/23202