Un viaje al rededor de los museos

Museos pequeños, museos con encanto, museos poco conocidos, museos y/o fundaciones de mis artistas o arquitectos favoritos, museos que he tenido el gusto de visitar y que, por diferentes razones, merecerían volver a ser visitados.

Todos los textos y fotos de este blog son autoría y propiedad de Agustín Calvo Galán. Si quieres citarlos o usar las fotos, puedes hacerlo; pero, por favor, indica la procedencia y la autoría. Gracias.
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sábado, 2 de enero de 2021

Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (Santander)

El Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (MUPAC) se encuentra debajo de un mercado, en el centro mismo de Santander. Nos informan de ello en la oficina de turismo que se encuentra junto a la entrada principal del mercado, pues después de dar varias vueltas no encontramos la entrada al museo. Una señora muy amablemente nos señala el suelo: el museo está aquí debajo, nos dice, y la entrada está muy cerca, en la calle lateral del mercado. Hacia allí nos dirigimos. Efectivamente, unas gran escalinata interior nos hace descender hacia la institución museística. Así nos da la bienvenida esta institución al inframundo de la arqueología.

La península ibérica es un lugar rico en yacimientos arqueológicos de todo tipo, desde la prehistoria más antigua (como los de Atapuerca), pasando por los periodos paleolíticos y neolíticos, las primeras grandes culturas de la edad del bronce y el hierro, llegando a los íberos, los celtas, los fenicios y, por supuesto, los romanos, también la edad media y moderna e, incluso, si estiramos aún más la definición de arqueología podemos incluir la industrialización y su estudio material entre sus cometidos. La comunidad autónoma que hoy llamamos Cantabria, y que hasta hace no mucho era la provincia de Santander que se incluía en la región de Castilla La Vieja, es rica en casi todos esos periodos. Pero significativamente lleva el nombre del pueblo de la antigüedad que más resistió a la romanización: los cántabros.

En este museo encontramos numerosos testimonios materiales de aquel pueblo del que se se sabe más bien poco. Aquí vemos estelas circulares, grandes piedras con símbolos solares, una reproducción de su hábitat, con una choza, materiales de la vida cotidiana como calderos, etc. 

Sin embargo, actualmente lo más conocido de estas tierras cántabras son sus famosísimas cuevas prehistóricos con pinturas. En este museo se conservar algunas de las herramientas encontradas en ellas, como puntas de flecha o hachas de piedra, así como reproducciones de algunas pinturas de cuevas como las del monte El Castillo.

El museo también cuenta con exposiciones temporales. Nosotros nos encontramos una exposición sobre el arte rupestre al aire libre encontrado en el valle del río Côa en el norte de Portugal, ampliamente divulgadas por la situación inaudita que sufrieron cuando el gobierno portugués quiso construir una presa de agua que las hacía peligrar. En grandes paneles se pueden ver fotos, explicaciones y mapas. Para mi sorpresa, estos grabados se comparan con otros encontrados al otro lado de la Raya, especialmente en la provincia de Zamora, que son poco conocidos. La prehistoria también sirve para ejemplarizar la artificialidad de las fronteras políticas.

https://www.museosdecantabria.es/museo-de-prehistoria-y-arqueologia/visitar/situacion

domingo, 8 de noviembre de 2020

Museo de Altamira (Santillana del Mar, Cantabria)


Tras visitar las cuevas del monte Castillo en Puente Viesgo  nos dirigimos a Santillana del Mar para visitar la cueva de Altamira. Bueno, la cueva en sí no, porque desde hace varias décadas es muy difícil poder entrar en ella; al parecer hay lista de espera de años, pues para su conservación se ha limitado mucho el número de visitantes. Lo que sí se puede visitar es el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, inaugurado en el 2001, en el que se ha hecho una reproducción, llamada neocueva, de la sala de los polícromos. Cuando llegamos, nos informan de las limitaciones debido a la covid'19: además de las limitaciones de aforo, las visitas al museo y a la neocueva han de ser con cita previa, así que nos dan unas entradas para dentro de dos horas. No está mal teniendo en cuenta que no habíamos reservado con anticipación. Aprovechamos el tiempo que falta para visitar la turistizada y pétrea Santillana del Mar. 
Volvemos a Altarmira antes de la hora indicada. El museo se encuentra muy cerca de la entrada a la cueva y se puede dar un paseo por las laderas ajardinadas. Nos acercamos así al acceso original: solo se ve una reja y una puerta detrás. Los visitantes lo vemos desde lejos, tras unas vallas; a mí me recuerda al iconostasio de las iglesias ortodoxas, adentro, a la parte sagrada, solo pueden acceder los iniciados. Muy cerca hay un monumento dedicado a los descubridores de las pinturas: Marcelino Sanz de Sautuola y especialmente su hija María, que siendo una niña fue quien se percató de la existencia de las pinturas por primera vez en época moderna, y dejó para la historia la frase: "mira papá, bueyes". 
Volvemos a la entrada del museo, obra ¿cómo no? de Juan Navarro Baldeweg, que arquitectónicamente no sobresale por nada en especial: es bastante grande pero se distribuye siguiendo la ladera de una colina en varios edificios a la manera de terrazas. En el interior del museo se puede hacer un recorrido muy didáctico por el estudio de la prehistoria: la formación geológica de las cuevas del norte de España, su conexión con otras grutas francesas, el hábitat prehistórico, las técnicas de pintura de los habitantes antiguos, etc. Hay toda una sala dedicada a Sanz de Sautuola y su hija. Se ha reproducido el despacho de don Marcelino. Me fijo en un ejemplar del opúsculo "Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander", cuya publicación en 1880 desencadenó un escándalo considerable y la negación, por parte de los darwinistas españoles y de alguna eminencia francesa en la materia, de que las pinturas de Altamira fuera realmente antiguas. 
Mientras esperamos para ver la neocueva, porque para esto también tenemos una hora asignada, vemos entrar a un grupo de personas junto a un cura joven. Va vestido de negro con alzacuellos, a la manera tradicional. Hacia mucho que no veíamos un cura vestido de esa manera, ahora se camuflan todos vistiéndose como seglares. Descansamos un rato junto a la gran puerta corrediza que una guía del museo abre para ir dejando entrar a los visitantes en esta parte del museo. Accedemos por fin con gran expectación. Pero la decepción llega enseguida, tras descender por una pasarlas en zigzag y acceder a la reproducción de la sala de los polícromos. Efectivamente, ahí están los búfalos reproducidos en el techo, pero no solo no tenemos la sensación de estar en ninguna cueva, sino que la copia de las pinturas ni siquiera nos parece buena, son pinturas sobre yeso o algún material parecido y la textura les da una apariencia de inacabadas. No soy experto en la materia, pero me atrevo a decir esto después de ver otros pinturas prehistóricas en cuevas de Francia y España y, sobre todo, tras contemplar reproducciones fotográficas de calidad en diferentes libros sobre Altamira.
Resulta evidente que los antiguos tenían maestría, y que los reproductores modernos han carecido de ella. Esta neocueva resulta ser un triste sucedáneo para todos los que nunca podremos ver el techo original de la sala de los polícromos. Salimos del museo recordando las pequeñas pinturas que habíamos visto en las cuevas del monte Castillo, apreciamos ahora más su delicadeza natural y evanescente, y su rotundo realismo.

http://www.culturaydeporte.gob.es/mnaltamira/home.html


lunes, 5 de octubre de 2020

Centro Botín (Santander)


Una nave espacial ha aterrizado en los Jardines de Pereda de Santander, justo delante de la antigua sede del Banco de Santander. Su perfil aerodinámico es imponente, y contrasta con el clasicismo gris de la ciudad que tiene detrás. Pero no, en realidad no es ninguna nave venida de otros mundos, sino el flamante Centro Botín, inaugurado en el 2017, obra del ínclito arquitecto italiano Renzo Piano. El edificio está compuesto por dos cuerpos que se elevan del suelo por unas columnas ligeras, lo que produce la impresión de que en cualquier momento va a salir volando. Entre ambos edificios, una estructura metálica exterior, con ascensores y las escaleras de entrada, los une. Subimos por estas escaleras, después de comprobar que desde la planta baja, donde se ubica una librería y una cafetería, no se puede acceder a las plantas superiores. En la taquilla preguntamos si los clientes del Banco de Santander (ahora llamado Santander a secas, como la ciudad misma, solo que en masculino) tenemos algún descuento, pero no. Está claro que la fundación propietaria de este centro quiere distanciarse en todo del banco fundado por la familia Botín, en eso no se parece a la fundación La Caixa, en la que el negocio bancario y la obra social van unidos.

En la taquilla nos informan de las dos exposiciones que podemos visitar. La primera es de retratos: se trata de una selección de obras pertenecientes a la Fundación Botín que recorre brevemente la historia del retrato con obras de grandes pintores del siglo XX. Y digo brevemente porque esta exposición está compuesta solo por un puñado de cuadros. Es cierto que son excepcionales, pero el recorrido se nos hace corto. Aquí encontramos, nada más y nada menos que, femme espagnole (1917) de Henri Matisse; Self Portrait with injured eye (1972) de Francis Bacon; Arlequín (1918) de Juan Gris; Al baño. Valencia (1908) de Joaquín Sorolla; Mujer de rojo (1931) de Daniel Vázquez Díaz; Figura de medio cuerpo (1907) de Isidre Nonell; El constructor de caretas (1944) de José Gutiérrez Solana y Retrato de mi madre (1942) de Pancho Cossío. Nos paramos especialmente en las obras de Sorolla y, la pequeña pero llamativa, como siempre, de Bacon; entre ambas el siglo XX lo cambió casi todo de una manera muy dramática.

La segunda exposición está formada por una serie de instalaciones del artista albanés Anri Sala titulada As you go (Châteaux en Espagne). Nos deja muy impresionados una en concreto: en una gran sala se proyectan, en grandes pantallas (algunas móviles),interpretaciones musicales: unas manos tocan las teclas de un piano, a veces las manos desaparecen y el piano sigue sonando, otras los movimientos de los dedos no se corresponden con las notas que están sonando. Nos quedamos un buen rato viéndola. La instalación es espectacular, primero la observamos con distancia y respeto, después comprobamos que se nos permite meternos entre las pantallas, formar sobras sobre ellas: somos dos perfiles entre la música. Nos agrada el juego que se crea. Desde aquí también accedemos a los inmensos ventanales que dan al mar o a la ciudad, en los flancos del edificio-nave. En estas grandes salas se han colocado instalaciones más pequeñas, creando un contraste importante entre contenido y contenedor, como una pequeña caja de música, un espejo que nos refleja deformados, etc. 

Salimos del Centro Botín con la sensación de haber visitado dos exposición sumamente interesantes, aunque el edificio en sí nos ha resultado algo grandilocuente para lo que realmente contiene. 

https://www.centrobotin.org/