Un viaje al rededor de los museos

Museos pequeños, museos con encanto, museos poco conocidos, museos y/o fundaciones de mis artistas o arquitectos favoritos, museos que he tenido el gusto de visitar y que, por diferentes razones, merecerían volver a ser visitados.

Todos los textos y fotos de este blog son autoría y propiedad de Agustín Calvo Galán. Si quieres citarlos o usar las fotos, puedes hacerlo; pero, por favor, indica la procedencia y la autoría. Gracias.
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lunes, 3 de enero de 2022

Museo de Menorca (Mahón, Menorca)

 


La isla de Menorca ha sido, a lo largo de su historia moderna, británica, francesa y española. Solo por este hecho, ya nos despierta la curiosidad por saber más cosas de este pedazo de tierra tan cotizado. Pero esa es sola una parte de la historia de la isla, porque Menorca es bastante más: ofrece testimonios de muchas épocas pasadas, especialmente de la prehistoria. De todos son conocidos los yacimientos megalíticos llamados talayotes (o talaiots, en catalán) y también navetas. Por eso, en el centro de Mahón preguntamos en una oficina de turismo sobre los talayotes visitables. Una chica muy amable, que no sabe si contestarnos en catalán o en castellano, y su maravillosa confusión o imprecisión lingüística nos hace, a nosotros también, mezclar catalán y castellano como si no fueran dos lenguas separadas, sino dos lenguas hermanas y unidas para siempre; nos entrega un mapa de la isla muy detallado y nos señala con círculos unos cuantos yacimientos; además, nos dice que si estamos interesados en temas prehistóricos, muy cerca tenemos el Museo de Menorca donde podremos saber más cosas sobre estos monumentos tan enigmáticos. 
Callejeamos por Mahón y llegamos enseguida hasta las puerta del museo, que se encuentra ubicado en el antiguo convento de San Francisco, un imponente edificio de los siglos XVII y XVIII.
Nada más entrar, después de pasar por taquilla, accedemos al claustro del antiguo convento, aquí comienza la exposición temporal titulada "Almacenes de historia", que toma como referencia un cuatro de pintor desconocido del siglo XIX donde se representa el muelle de Llevant del puerto de Mahón en plena actividad comercial. Se trata de una obra coral, en la que aparecen más de un centenar de personajes, y donde están representados, además del perfil de la ciudad, un sinfín de motivos: oficios, actividades e, incluso, clases sociales. He aquí, precisamente, el gran valor estratégico de esta pequeña isla mediterránea: su impresionante puerto natural, codiciado desde la antigüedad por romanos, árabes y catalanes o más recientemente por británicos, franceses y españoles. Buena parte de la planta baja está dedicada a este cuadro, con informaciones complementarias sobre, por ejemplo, el comercio con América.
En las plantas superiores encontramos las colecciones permanentes del museo, con piezas desde la prehistoria, encontradas en los yacimientos de talayotes y navetas, pasando por la época romana, visigótica, musulmana, reconquista cristiana, hasta llegar a la actualidad, sin olvidar el papel que jugó el puerto de Mahón en la Guerra Civil española como una de las bases principales de la armada republicana. Encontramos obras cartográficas, monedas, fotografías antiguas, vestimentas tradicionales, herramientas de oficios varios y un larguísimo etcétera. 
Una isla es un lugar cerrado en sí mismo, aunque nunca aislado; por aquí han pasado todos los pueblos y ejércitos que el Mediterráneo ha conocido, pero tal vez en ningún lugar como este se pueda apreciar la pervivencia del pasado y su convivencia con la actualidad. Ahora ya podemos salir de Mahón y recorrer la isla con la excusa de ver talayotes.



miércoles, 20 de octubre de 2021

Museu do Côa (Vila Nova de Foz Côa, Portugal)

En 1994 el proyecto e inicio de las obras para la construcción de una presa en un lugar remoto del norte de Portugal dio a conocer al mundo una serie impresionante de grabados rupestres de época prehistórica. El gobierno portugués no quería parar las obras, la polémica abarcó a toda la comunidad internacional de especialistas en prehistoria; también los habitantes de la zona protestaron, convencidos de que la pérdida de los grabados seria irreparable. Al fin, tras unas elecciones, en 1996 el cambio de gobierno propició la paralización de las obras. En 1998 la UNESCO declaraba los grabados patrimonio de la humanidad. En el 2010 se inauguró el Museo del Côa en las cercanías de Vila Nova de Foz Côa como introducción y explicación al parque arqueológico que se había creado in situ.

Cuando llegamos al museo, nos recibe una gran pared de hormigón sobre una colina. El entorno no se deja ver. La entrada es una rampa que forma una grieta en el hormigón. Descendemos por ella hacia la oscuridad iluminada del interior del museo. Al comprar la entrada, una chica muy amable nos informan de las excursiones que se organizan para visitar los grabados prehistóricos in situ, en el parque arqueológico del Côa. Se realizan en 4x4, acompañados por un especialista. Nos apuntamos para uno de los grupos para el día siguiente. Cuando nos pide nuestros datos para reservarnos dos plazas, se da cuenta de que somos españoles y nos dice que la visita será en portugués, que si preferimos un grupo en inglés, pero le decimos que no hay problema, que preferimos que nos hablen portugués.

Pero hoy hemos venido al museo, que se define como un portal, o como se dice actualmente, como un centro de interpretación sobre los grabados del río Côa. Primero encontramos una sala donde se explica la historia de la lucha popular y científica por la conservación del patrimonio encontrado. En una gran foto, António Guterres, recién elegido primer ministro, saluda a la multitud. En otra sala se hace una introducción al arte prehistórico, en el que se conectan las obras artísticas de toda la Europa Occidental, desde Lascaux, pasando por Altamira, hasta llegar aquí, al río Côa. Cabe resaltar que este arte rupestre se ha relacionado o hermanado directamente con otros grabados al aire libre encontrados en Siega Verde, provincia de Salamanca.

Vemos reproducciones de algunos de los grabados más conocidos, complementados con una explicación sobre la fauna representada. Una de las características de estos grabados es que son acumulaciones de representaciones; es decir que sobre las mismas piedras se iban haciendo grabados, representando animales unos encima de otros, que es una característica que también presentan las pinturas en cuevas, y que aprovechan las formas y cortes de los paneles pétreos para dar forma a las cuerpos. Vistas a cierta distancia, las líneas crean una obra que más parece de arte abstracto. Pero, cuando uno se acerca, y dependiendo de la luz y de la atención que le prestemos, enseguida surgen los lomos de ciervos y las cabezas de los caballos más allá del embrollo de líneas. La natural simplicidad y el trazo sin errores nos permiten admirar un arte muy cercano a la naturaleza, moderno e intemporal, alejado por completo de los clichés del salvaje hombre prehistórico. En otra sala encontramos unos paneles interactivos, reconstrucciones de los hábitats de las personas que hicieron los grabados, etc.

Salimos del museo por el lado contrario al que hemos entrado, accedemos a unas terrazas sobre el edificio y nos encontramos con un paisaje extraordinario: a nuestros pies el río Duero pasa en calma entre colinas colmadas de viñedos, y un poco más allá se puede ver la desembocadura del río Côa en el Duero. El emplazamiento del museo es inmejorable. Efectivamente, es el portal ideal hacia las obras de arte rupestre que ahora forman el parque arqueológico que visitaremos felizmente mañana y que, durante unos años, estuvieron en peligro de desaparecer bajos las aguas de una presa.

https://arte-coa.pt/


sábado, 2 de enero de 2021

Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (Santander)

El Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (MUPAC) se encuentra debajo de un mercado, en el centro mismo de Santander. Nos informan de ello en la oficina de turismo que se encuentra junto a la entrada principal del mercado, pues después de dar varias vueltas no encontramos la entrada al museo. Una señora muy amablemente nos señala el suelo: el museo está aquí debajo, nos dice, y la entrada está muy cerca, en la calle lateral del mercado. Hacia allí nos dirigimos. Efectivamente, unas gran escalinata interior nos hace descender hacia la institución museística. Así nos da la bienvenida esta institución al inframundo de la arqueología.

La península ibérica es un lugar rico en yacimientos arqueológicos de todo tipo, desde la prehistoria más antigua (como los de Atapuerca), pasando por los periodos paleolíticos y neolíticos, las primeras grandes culturas de la edad del bronce y el hierro, llegando a los íberos, los celtas, los fenicios y, por supuesto, los romanos, también la edad media y moderna e, incluso, si estiramos aún más la definición de arqueología podemos incluir la industrialización y su estudio material entre sus cometidos. La comunidad autónoma que hoy llamamos Cantabria, y que hasta hace no mucho era la provincia de Santander que se incluía en la región de Castilla La Vieja, es rica en casi todos esos periodos. Pero significativamente lleva el nombre del pueblo de la antigüedad que más resistió a la romanización: los cántabros.

En este museo encontramos numerosos testimonios materiales de aquel pueblo del que se se sabe más bien poco. Aquí vemos estelas circulares, grandes piedras con símbolos solares, una reproducción de su hábitat, con una choza, materiales de la vida cotidiana como calderos, etc. 

Sin embargo, actualmente lo más conocido de estas tierras cántabras son sus famosísimas cuevas prehistóricos con pinturas. En este museo se conservar algunas de las herramientas encontradas en ellas, como puntas de flecha o hachas de piedra, así como reproducciones de algunas pinturas de cuevas como las del monte El Castillo.

El museo también cuenta con exposiciones temporales. Nosotros nos encontramos una exposición sobre el arte rupestre al aire libre encontrado en el valle del río Côa en el norte de Portugal, ampliamente divulgadas por la situación inaudita que sufrieron cuando el gobierno portugués quiso construir una presa de agua que las hacía peligrar. En grandes paneles se pueden ver fotos, explicaciones y mapas. Para mi sorpresa, estos grabados se comparan con otros encontrados al otro lado de la Raya, especialmente en la provincia de Zamora, que son poco conocidos. La prehistoria también sirve para ejemplarizar la artificialidad de las fronteras políticas.

https://www.museosdecantabria.es/museo-de-prehistoria-y-arqueologia/visitar/situacion

lunes, 7 de diciembre de 2020

Museo Nacional de Tokio (Japón)

 


Amanece en Tokio con el cielo muy oscuro. En días de lluvia lo mejor es refugiarse en algún museo que nos proporcione un techo y actividad durante varias horas. Salimos del hotel convenientemente equipados con chubasquero y paraguas, y nos dirigimos a coger un tren de la línea Yamanote que nos acerque al parque Ueno. La lluvia no cesa cuando llegamos y vamos a paso firme directos al Museo Nacional de Tokio: una gran institución museística que nos dará cobijo en este día de aguaceros otoñales. No parece que haya mucha gente comprando la entrada para acceder a su interior. Para nuestra suerte, no a todos los turistas les gusta visitar museos, ni siquiera cuando diluvia.

Entramos en el edificio principal, que data de los años treinta del pasado siglo y tiene un aire ciertamente art déco, aunque los tejados son de estilo tradicional japonés, a cuatro aguas. Lo recorremos pasando por las diferentes salas y galerías. Aquí hay desde espadas y armaduras de samuráis hasta kimonos bellísimos; también vemos piezas encontradas en yacimientos prehistóricos, como una impresionante estatuilla de cerámica del período llamado Jomon, con unos ojos gigantes: se trata de una figura femenina de anchas caderas y cintura de avispa Venus ancestral hermanada con tantas otras, como la encontrada en Willendorf (Austria), mundialmente famosa porque los adalides del esoterismo galáctico internacional quieren ver en ella a un extraterrestre y no a un ser humano, y es que unos ojos inmensos en un figurilla tan pequeña le proporcionan, efectivamente, un aspecto algo raro. Otra de las artesanías que más llaman nuestra atención son las máscaras de teatro Noh, algunas del siglo XVIII, así como algunas piezas de porcelana de lo más refinadas.

También se pueden admirar paneles o biombos pintados al más puro estilo japonés. Algunas de las piezas más antiguas son paneles provenientes de China, decorados con una caligrafía de trazos muy expresivos. Al fin, encontramos una sala dedicada a la pintura japonesa de época más moderna, donde destacan las pinturas de Hokusai de tipo Ukiyo-e, que nos reconfortan y atraen poderosamente; aunque también hay lienzos de artistas contemporáneos con una evidente influencia occidental junto a los que pasamos corriendo.

Al lado del edificio principal se sitúa otro dedicado al arte oriental en general. En este encontramos una gran cantidad de estatuas budistas provenientes de toda Asia y de diferentes épocas, así como delicada porcelana china de diferentes épocas. En otra de las salas nos topamos con talismanes y objetos de adivinación, un tema que a los japoneses parece que les encanta: son muy aficionados a todo tipo de futurología, y lo más curioso de todo, al menos para nosotros, es que en muchos casos está ligada a la religión.

Antes de salir del Museo, visitamos su tienda y me compro un par de libros en inglés, uno de arte japonés y otro de estatuaria budista: me gustaría tener una idea más clara sobre la proliferación de diferentes tipos de estatuas de Buda y de bodhitsattvas que nos hemos encontrado recorriendo Japón. Demoramos nuestra salida, afuera sigue lloviendo con más intensidad si cabe. 

https://www.tnm.jp 

domingo, 8 de noviembre de 2020

Museo de Altamira (Santillana del Mar, Cantabria)


Tras visitar las cuevas del monte Castillo en Puente Viesgo  nos dirigimos a Santillana del Mar para visitar la cueva de Altamira. Bueno, la cueva en sí no, porque desde hace varias décadas es muy difícil poder entrar en ella; al parecer hay lista de espera de años, pues para su conservación se ha limitado mucho el número de visitantes. Lo que sí se puede visitar es el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, inaugurado en el 2001, en el que se ha hecho una reproducción, llamada neocueva, de la sala de los polícromos. Cuando llegamos, nos informan de las limitaciones debido a la covid'19: además de las limitaciones de aforo, las visitas al museo y a la neocueva han de ser con cita previa, así que nos dan unas entradas para dentro de dos horas. No está mal teniendo en cuenta que no habíamos reservado con anticipación. Aprovechamos el tiempo que falta para visitar la turistizada y pétrea Santillana del Mar. 
Volvemos a Altarmira antes de la hora indicada. El museo se encuentra muy cerca de la entrada a la cueva y se puede dar un paseo por las laderas ajardinadas. Nos acercamos así al acceso original: solo se ve una reja y una puerta detrás. Los visitantes lo vemos desde lejos, tras unas vallas; a mí me recuerda al iconostasio de las iglesias ortodoxas, adentro, a la parte sagrada, solo pueden acceder los iniciados. Muy cerca hay un monumento dedicado a los descubridores de las pinturas: Marcelino Sanz de Sautuola y especialmente su hija María, que siendo una niña fue quien se percató de la existencia de las pinturas por primera vez en época moderna, y dejó para la historia la frase: "mira papá, bueyes". 
Volvemos a la entrada del museo, obra ¿cómo no? de Juan Navarro Baldeweg, que arquitectónicamente no sobresale por nada en especial: es bastante grande pero se distribuye siguiendo la ladera de una colina en varios edificios a la manera de terrazas. En el interior del museo se puede hacer un recorrido muy didáctico por el estudio de la prehistoria: la formación geológica de las cuevas del norte de España, su conexión con otras grutas francesas, el hábitat prehistórico, las técnicas de pintura de los habitantes antiguos, etc. Hay toda una sala dedicada a Sanz de Sautuola y su hija. Se ha reproducido el despacho de don Marcelino. Me fijo en un ejemplar del opúsculo "Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander", cuya publicación en 1880 desencadenó un escándalo considerable y la negación, por parte de los darwinistas españoles y de alguna eminencia francesa en la materia, de que las pinturas de Altamira fuera realmente antiguas. 
Mientras esperamos para ver la neocueva, porque para esto también tenemos una hora asignada, vemos entrar a un grupo de personas junto a un cura joven. Va vestido de negro con alzacuellos, a la manera tradicional. Hacia mucho que no veíamos un cura vestido de esa manera, ahora se camuflan todos vistiéndose como seglares. Descansamos un rato junto a la gran puerta corrediza que una guía del museo abre para ir dejando entrar a los visitantes en esta parte del museo. Accedemos por fin con gran expectación. Pero la decepción llega enseguida, tras descender por una pasarlas en zigzag y acceder a la reproducción de la sala de los polícromos. Efectivamente, ahí están los búfalos reproducidos en el techo, pero no solo no tenemos la sensación de estar en ninguna cueva, sino que la copia de las pinturas ni siquiera nos parece buena, son pinturas sobre yeso o algún material parecido y la textura les da una apariencia de inacabadas. No soy experto en la materia, pero me atrevo a decir esto después de ver otros pinturas prehistóricas en cuevas de Francia y España y, sobre todo, tras contemplar reproducciones fotográficas de calidad en diferentes libros sobre Altamira.
Resulta evidente que los antiguos tenían maestría, y que los reproductores modernos han carecido de ella. Esta neocueva resulta ser un triste sucedáneo para todos los que nunca podremos ver el techo original de la sala de los polícromos. Salimos del museo recordando las pequeñas pinturas que habíamos visto en las cuevas del monte Castillo, apreciamos ahora más su delicadeza natural y evanescente, y su rotundo realismo.

http://www.culturaydeporte.gob.es/mnaltamira/home.html


martes, 15 de septiembre de 2020

Museo de la Evolución Humana (Burgos)

Llegamos a Burgos por la tarde y lo primero que queremos hacer es visitar el Museo de la Evolución Humana. La entrada, en la fachada principal, se encuentra a una cierta altura, desde aquí se ven muy cerca las torres de la catedral, al otro lado de la arboleda y del río Arlanzón. El Museo resulta ser un complejo nuevo e imponente, formado por tres edificios: el del medio es el museo propiamente dicho, en un extremo hay un auditorio o palacio de congresos y al otro hay otro edificio que no sabemos qué función tiene. La primera vez que visité la ciudad, allá por los años noventa del pasado siglo este museo no existía; se inauguró en el 2010, así que es una construcción de reciente creación, aunque con un trasfondo muy antiguo, no solo por la materia sobre la que trata, sino también porque esta institución es el testimonio más elocuente de la importancia de los trabajos de excavación que durante décadas se han llevado a cabo muy cerca de aquí, en la sierra de Atapuerca. 

El proyecto es obra del arquitecto Juan Navarro Baldeweg, y resalta por la estructura metálica pintada de un rojo llamativo y que recubre el edificio por el exterior, salvo en la fachada principal, formando grandes X, cuyas líneas se cruzan creando una celosía gigante. Se me antoja que es una forma de nombrar o proteger o preservar los siglos o el paso del tiempo desde la prehistoria hasta nuestros días. Debajo de la estructura metálica, las fachas de vidrio permiten ver el interior hueco del museo. 

Entramos y nos impresiona el gran espacio vacío de varios pisos de altura que nos da la bienvenida. En la venta de entradas nos informan de que, a causa de las restricciones impuestas por la covid'19, algunas partes e instalaciones están cerradas al público. No obstante, lo más importante o lo más significativo sí que se puede ver: se encuentra en el piso -1 y se trata de los hallazgos fósiles y materiales originales encontrados en los yacimientos de Atapuerca. Se exponen en el interior de unos habitáculos rectangulares, en los que la luz se ha atenuado, las paredes interiores son negras y únicamente se iluminan las piezas prehistóricas, contenidas en amplias vitrinas; de esta manera, sentimos que entramos en un espacio casi religioso, un sancta sanctorum aislado del exterior y que contrasta con la luminosidad blanca del resto del museo. Aquí nuestra atención se dirige inmediatamente a los trozos de mandíbula, las piezas de piedra (como puntas de flecha o hachas), así como otros huesos como fémures encontrados en la sierra de Atapuerca, a solo 15 km. de la ciudad. En algunos se ha colocado una lupa para que podamos observar algún detalle aumentado, en concreto una serie de rastros de raspados que indicarían que estos homínidos practicaban el canibalismo. 

Pero, efectivamente, esta magna institución no se centra únicamente en lo hallado en Atapuerca, sino que quiere abarcar mucho más: pretende dedicarse a la toda la historia de la evolución humana, un campo del estudio multidisciplinar en el que se han implicado varias ciencias: desde la prehistoria y la geología, pasando por la paleontología, la arqueología y hasta la historia del arte. La museografía entorno a esta materia me parece algo compleja, no solo por la cantidad de yacimientos e informaciones que se han de manejar, sino también porque cada nuevo descubrimiento viene a modificar las líneas de evolución que se habían trazado anteriormente.

Al final de la planta subterráneo encontramos una exposición sobre el descubrimiento de los sitios arqueológicos de Atapuerca, con esquemas de los mismo y numerosas fotografías, especialmente de los especialistas en las diferentes materias que han participado en las excavaciones. Alguno de ellos se ha convertido en auténticas celebrities como Eduald Carbonell, José Luis Arsuaga o José María Bermúdez de Castro, quienes no solo han dirigido las excavaciones desde hace más de treinta años, sino que se han dedicado en cuerpo y alma a la divulgación de los hallazgos. No obstante, también se resalta la figura del anterior director de las excavaciones: Emilio Aguirre. Por otro lado, se explica que Atapuerca se descubrió por pura casualidad, tal y como ha ocurrido en numerosas ocasiones en este tipo de yacimientos: la construcción de un trenecito minero a finales del siglo XIX propicio que se abriera una profunda y amplia zanja, llamada trinchera del ferrocarril, en medio de la sierra. Ahí se destruyeron partes del terreno, pero empezaron a aparecer las entradas a antiguas cuevas y simas, así como los primeros fósiles

En las plantas superiores, grandes balcones al final del edificio, podemos observar una serie de espacios dedicados a temas tan variados como la expedición de Darwin en el Beagle que le llevó a concretar su teoría de la evolución, diferentes fósiles animales, así como también reproducciones realistas y puestas en pie de homínidos de diversas épocas, desde el autrolopiteco, pasando por, evidentemente, el homo antecesor, el neanderthal, hasta llegar al homo sapiens; todos nos miran de frente y, a pesar del esfuerzo evidente de sus creadores por conseguir una apariencia de realismo y de movimiento, me parecer meros muñecos como los que hay en los museos de cera. Efectivamente, aquí algunas partes interactivas, con pantallas táctiles han sido clausuradas. Nos detenemos en el apartado dedicado al arte prehistórico, donde en grandes pantallas van proyectándose pinturas rupestres como las del Altamira y Lascaux y otras piezas muy conocidas, como las figurillas de venus halladas en diferentes lugares del mundo. Nos sentamos en unos bancos que son, a la vez, altavoces, desde los que se puede seguir una explicación de lo que estamos viendo. 

Desde la planta superior, (donde se encuentra la librería, curiosamente muy lejos de la salida, como queriendo evitar lo que sucede en la mayor parte de los museos, que el visitante tenga la sensación de que tiene que comprar algo antes de salir), vemos el interior vacío del edificio desde arriba y se nos antoja una espacio espectacular, aunque demasiado grande para lo que hay aquí contenido. Eso sí, concluimos que la función didáctica el museo la cumple perfectamente. Salimos y ya está anocheciendo, vamos hacia el centro guiados por las torres de la catedral.

https://www.museoevolucionhumana.com/

lunes, 2 de diciembre de 2019

Parque Arqueológico y Museo de Gavà (Barcelona)

Tras pasar junto a un grupo de gente que hace cola frente a una churrería llegamos a la entrada al Parque Arqueológico de las Minas de Gavà. La gran infraestructura moderna y de diseño que alberga el parque prehistórico contrasta dramáticamente con la monotonía de los bloques de pisos que la rodean y ocultan. Además, uno esperaría que la entrada a una mina de la antigüedad estuviera en cualquier lugar menos en medio de un barrio populoso. Aquí no hay nadie esperando, así que en cuanto llega Eduardo entramos en el edificio.
Gavà creció desmesuradamente durante los años del desarrollismo, como tantas otras ciudades dormitorio en torno a Barcelona, para acoger a los miles de emigrantes que llegaban de otras partes de España. Fue entonces cuando se comenzó a urbanizar la zona llamada Can Tintoré, a mediados de los años setenta del pasado siglo, y se descubrieron una serie de pozos profundos y galerías en el subsuelo que, rápidamente, fueron identificados como de época prehistórica. Los arqueólogos estuvieron desde entonces y hasta mediados de los años noventa excavando y estudiando el yacimiento. Al finalizar sus trabajos se comenzó a dar forma al complejo del Parque Arqueológico, que se inauguró en el 2007, para permitir no solo su conservación sino también su divulgación y visita a unas minas únicas en toda Europa por su antigüedad.
Iniciamos nuestro recorrido con la esperanza no solo de un descenso hacia las profundidades sino hacia un pasado muy remoto. Pero lo primero que encontramos es una serie de cubículos donde podemos ir viendo audiovisuales en torno a la vida de nuestros ancestros prehistóricos, se nos explica cómo cazaban, cómo curtían la piel, cómo hacía puntas de flecha y hachas de piedra, cómo daban forma a la cerámica, y cómo y porqué comenzaron a excavar y explotar estas minas. También encontramos explicaciones del entorno de esta zona en época neolítica, durante el periodo en el que estuvo en explotación la mina (hace unos 6.000 años) hasta que se cubrió y desapareció cualquier recuerdo de su existencia, todo con un cariz muy educativo. Cuando, por fin, parece que vamos a entrar en el yacimiento propiamente dicho, nos encontramos que solo podemos ver una serie de pozos y galerías desde la parte superior. No obstante, como substituto, en el Parque se ha construido la reproducción de una sección subterránea de la mina. Tras ponernos y ajustarnos unos cascos amarillos de mineros, un atrezzo muy adecuado, especialmente para Eduardo por su considerable altura, bajamos por unas escaleras a unas galerías muy bien ambientadas. Unas luces convenientemente colocadas nos van descubriendo los diferentes hitos de la mina: se descubrió que algunas galería en desuso fuero utilizadas para realizar enterramientos y, por otro lado, se han colocado vetas de los diferentes materiales que se podían extraer de las minas, especialmente de la variscita, un aluminofosfato de tonalidades verdosas que se usó exclusivamente para realizar adornos.
Yo salgo del Parque Arqueológico un poco decepcionado por no haber podido entrar en las minas verdaderas. No obstante tenemos la oportunidad de ver la auténtica joya de la corona encontrada en este yacimiento, la llamada Venus de Gavà, en el museo de la localidad. Tras un breve paseo, llegamos a la entrada de la Torre Lluc, una antigua casa señorial convertida en museo en 1975. En la planta baja, una exposición temporal de pinturas en homenaje a Leonardo da Vinci, algunas pretendidamente sofisticadas y otras de trazo infantilista, me produce algo de vergüenza ajena. Al fin, en la planta superior podemos encontrar la exposición permanente: un paseo por la historia de la localidad a través de su paisaje, usos y oficios, hasta llegar a la actualidad, con algunas fotos y vestigios de la Guerra Cívil y del arrollador crecimiento urbano de los años sesenta y setenta. En la sección prehistórica nos encontramos con cerámicas encontradas en la mina, así como un cráneo trepanado. En una hornacina y sobre un pequeño pedestal se expone la Venus. Se trata de una pieza cerámica de pequeño tamaño y en color negro, encontrada a trozos en varios niveles del yacimiento y reconstruida. Destacan sus grandes ojos y sus pechos puntiagudos, así como unos bracitos que rodean su vientre. Los estudiosos han interpretado que se trata de la representación de una diosa embarazada, una divinidad de la fertilidad, muy común de la época neolítica y emparentada con otras figurillas similares encontradas por toda Europa como la venus de Willendorf o la de Lespugue. A pesar de su rudimentaria apariencia tiene la expresividad de lo auténtico.
Al salir del Museo vemos terrazas llenas de gente y recordamos que es sábado, la hora del aperitivo. Nosotros acabamos nuestra visita a la localidad comiendo una excelente paella en el restaurante de unas pistas de pádel. Es cierto, concluimos, en Gavà las cosas interesantes está siempre en lugares inesperados.

http://www.patrimonigava.cat/es

domingo, 12 de julio de 2015

Museo de las Civilizaciones Anatólicas de Ankara (Turquía)

En numerosas ocasiones, la historia de la Antigüedad en Occidente se ha reducido a las grandes culturas como la egipcia, la griega o la romana, olvidando que una vastísima cantidad de pueblos, culturas y religiones convivieron a lo largo del Próximo Oriente y el Mediterráneo antes de la unificación en todos los ámbitos que supuso el advenimiento del Imperio Romano. La península de Anatolia (en la que se sitúa gran parte del estado turco actual) es un buen ejemplo de dicha abundancia; cuando nos aproximamos al conocimiento de su Prehistoria y de su Historia Antigua, se despliega ante nosotros una explosión extraordinaria de diversidad cultural que conecta (como no podía ser de otra manera, por su situación geográfica) las culturas mesopotámicas con las mediterráneas desde la Prehistoria hasta la Antigüedad clásica.
El Museo de las Civilizaciones Anatólicas de Ankara, fundado en 1921 y situado en dos edificios otomanos del s. XV, recoge una parte significativa de restos materiales hallados en excavaciones arqueológicas a lo largo de toda Anatolia, desde el paleolítico hasta la época romana. Especialmente interesantes resultan dos periodos en la historia de la península: por un lado el neolítico, con el importantísimo yacimiento de Çatalhöyük, y por otro con el descubrimiento de la cultura Hitita (que ocupó gran parte de Anatolia en torno a los s. XVIII y XII a.C.). En el museo podemos encontrar vestigios de ambos periodos.
La importancia y originalidad del yacimiento de Çatalhöyük, uno de los primeros centros urbanos surgidos en el neolítico y conectado con el llamado Creciente Fértil (zona en la que se originó la primera agricultura y ganadería de la humanidad) se puede apreciar también en los restos materiales conservados en el museo, tanto en su cerámica como especialmente en las figurillas femeninas, como la de una diosa sentada entre dos felinos, representación de un culto primigenio a una Diosa Madre.
Por otro lado, los hititas fueron un pueblo casi desconocido de la antigüedad hasta época reciente. Testimonios del antiguo Egipto hablaban de un gran pueblo guerrero (Hatti) que les disputó a los egipcios, en la batalla de Qadesh (1274 a.C.), su influencia en el Próximo Oriente. La tregua entre ambos bandos se firmó con el tratado de Qadesh (considerado el primer tratado de paz de la Historia). En el museo se conservan tablas cuneiformes escritas en hitita, así como estatuillas de dioses primitivos, también grandes relieves con representaciones ceremoniales que nos recuerdan a otras culturas mesopotámicas con las que los hititas compartieron numerosos rasgos culturales.
Una visita al Museo de las Civilizaciones Anatólicas es una oportunidad extraordinaria no solo de ampliar nuestros conocimientos sobre los pueblos prehistóricos y sobre la Antigüedad, sino también de tomar conciencia de que una infinidad de pueblos y civilizaciones anatólicas fueron pasando y cayendo en un olvido de siglos (como irremediablemente ha pasado en tantas otras partes del mundo) que la arqueología de los últimos decenios ha ido rescatando y dándoles la importancia que tuvieron en la Historia de la humanidad.

http://www.anadolumedeniyetlerimuzesi.gov.tr/