Un viaje al rededor de los museos

Museos pequeños, museos con encanto, museos poco conocidos, museos y/o fundaciones de mis artistas o arquitectos favoritos, museos que he tenido el gusto de visitar y que, por diferentes razones, merecerían volver a ser visitados.

Todos los textos y fotos de este blog son autoría y propiedad de Agustín Calvo Galán. Si quieres citarlos o usar las fotos, puedes hacerlo; pero, por favor, indica la procedencia y la autoría. Gracias.
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martes, 29 de julio de 2025

Museo Víctor Balaguer (Vilanova i la Geltrú, Barcelona)

Interior del Museo
Víctor Balaguer

Un día caluroso de julio nos acercamos a Vilanova i la Geltrú para visitar la Biblioteca Museu Víctor Balaguer. El centro de la población está muy concurrido; vemos a familias pertrechadas con sombrillas y sillas plegables en dirección a la playa, y otras personas van a paso firme, incluso corriendo, hacia la cercana estación de tren. Nosotros nos quedamos frente a un edificio que parece un templo. Efectivamente, se trata de un lugar dedicado a la veneración de las artes y el saber. El contenedor del museo es, en sí, ya una declaración de intenciones: tiene una estética algo ecléctica entre neoclásica e historicista, con capiteles de inspiración egipcia. Sobre el frontispicio de la entrada podemos leer: Surge et ambula, y en el suelo: Ave. El polifacético político y escritor catalán Víctor Balaguer Cirera (1824-1901), masón y liberal, dejó gran parte de su legado en esta Biblioteca Museu que él mismo fundó en Vilanova i la Geltrú en 1884.

Entramos y seguimos teniendo la sensación de que estamos en un templo, pero ya no por el edificio o por lo que vemos, sino porque un silencio sepulcral nos rodea debido a que somos los únicos visitantes. Nos alegramos y, a la vez, nos lamentamos por ello, pues el museo promete, y no entendemos muy bien por qué es tan poco conocido fuera de Vilanova i la Geltrú. Nos sorprende aún más este desconocimiento, ya que aquí se encuentra nada más y nada menos que un depósito de obras del mismísimo Museo del Prado. Fue voluntad del propio Víctor Balaguer que así fuera.

En la primera sala, un magnífico espacio de techo altísimo con esculturas en el centro, vemos obras de autores catalanes de finales del siglo XIX, como Ramón Casas, Santiago Rusiñol y Mariano Fortuny, entre otros; también una obra historicista de juventud, de gran formato, de Sorolla. Desde allí podemos acceder a la denominada Sala Prado, evidentemente dedicada a las obras en depósito del Museo del Prado. Aquí hay una pequeña pero significativa selección del llamado Siglo de Oro del arte español: una Sagrada Familia de El Greco, pinturas de Ribera, Maíno y una preciosa vista de Bruselas con personajes históricos de Brueghel; también un par de copias de Goya de retratos reales.

Desde aquí se puede acceder a unas salas más pequeñas con diferentes piezas arqueológicas egipcias y también de otras procedencias, como América y Filipinas, lo que nos recuerda los amplios intereses intelectuales y artísticos de Víctor Balaguer, pero especialmente que llegó a ser ministro de Ultramar. En las cartelas de estas secciones se pueden leer algunas referencias críticas al colonialismo que no sabemos si son lamentos pertinentes o disculpas sin convicción.

En la segunda planta se encuentra el arte del siglo XX: desde un Anglada Camarasa muy festivo, pasando por Isidre Nonell y Joaquim Mir, hasta algunos pintores catalanes de la segunda mitad del siglo, como Pijoan, Ràfols Casamada y otros. Me llama la atención un Saura, como siempre tan tremendista, y que siempre ha tenido la virtud de atraerme y disgustarme al mismo tiempo.

Al fin, justo antes de salir, recorremos la famosa biblioteca, un espacio amplio rodeado de libros encerrados en vitrinas, y que forma parte del gran legado de Balaguer a la localidad de Vilanova i la Geltrú. Salimos de nuevo a la calle, y el sol apremiante nos hace correr hacia un nuevo refugio.

lunes, 27 de mayo de 2019

Museo de Maricel de Sitges, (Barcelona)

Llueve a mares cuando llegamos a Sitges. Hemos venido a visitar esta localidad costera con Paola, amiga y profesora de literatura española en la Universidad de Bari (Italia). La imagen icónica de esta población, el paseo marítimo y la iglesia, surge ante nosotros sumida en un mundo acuoso, de una manera conmovedora. Además, nos sorprende ver como la tormenta ha dejado las playas reducidas a la mínima expresión. Nos dirigimos a paso firme al llamado Racó de la calma, donde se ubica el Museo, para visitarlo y también ponernos a cubierto. Mientras tanto, le voy explicando a Paola que hace unos años aquí habían dos museos juntos: el Cau Ferrat y el Mar i Cel. Ahora, con muy buen criterio, se han unificado bajo el nombre de Museu de Maricel. El origen del Cau Ferrat fue la adquisición en 1893 de una casa de pescadores por parte del insigne pintor y escritor Santiago Rusiñol, para, a continuación, tirarla y construir lo que sería su taller. Aquí pintaba y almacenaba obras de arte propias o adquiridas; y a este lugar acudían habitualmente sus amigos, los artistas más insignes de la Barcelona finisecular. Toda esta parte de Sitges era a finales del siglo XIX un barrio popular. Con aquella adquisición comenzó todo un proceso de destrucción y construcción de un marco incomparable, formado por varios palacios, todos con un estilo neogótico y noble, muy en boga en pleno modernismo, que se acabaría en la década de los años 20 del siglo XX. La verdad es que el conjunto impone y atrae a los turistas. Pero, por suerte para nosotros, muy pocos entran en el Museo. La visita se inicia, precisamente, por la parte que fue del Cau Ferrat. Aquí podemos encontrar sobre todo toda la colección de forjados, muebles, cristales, cerámicas y arte de todo tipo, que Rusiñol fue adquiriendo en sus viajes por toda Cataluña. También hay alguna obra del propio Rusiñol, así como de alguno de sus más insignes amigos, como Ramón Casas, Picasso, etc. Destaca, en la gran sala central, que imita la de un castillo medieval, por encima de todo, un cuadro de El Greco: Las lágrimas de San Pedro. Como Paola tiene raíces griegas, se interesa enseguida no solo por el cuadro sino también por la reivindicación que hicieron los modernistas catalanes de la figura del pintor cretense. Después de visitar el Cau Ferrat, pasamos a la parte del antiguo museo Mar i Cel. Aquí se concentra el legado de varios coleccionistas de arte como la del doctor Jesús Pérez Rosales. Se puede ver una muestra muy variada de diferentes épocas, que van desde murales románicos y góticos pasando por obras modernistas y novecentistas, como una escultura de Josep Llimona, así como obras de Rusiñol, -con alguna de sus características pinturas de jardines españoles-, Fortuny, Casas, y también una sala con murales tremendistas y tenebristas de Josep Maria Sert, con una alegoría sobre la I Guerra Mundial. Sin embargo, el plato fuerte de la visita es el balcón con arcadas sobre el mar. Las vistas sobrecogen y en este día de tormenta aún más, porque el mar choca contra los muros del Museo, como si lo quisieran derribar. Entre los arcos del balcón, varias esculturas de figuras femeninas en calma contrastan con el movimiento de las olas del exterior. Junto al balcón han colocado la estatua original, homenaje a El Greco, iniciativa de Rusiñol y sufragada por donaciones de los habitantes de la población, que estaba situada en el paseo marítimo de Sitges. Ahora allí han puesto una reproducción, porque esta que cobija el Museo está ya muy deteriorada por la sal marina: tanto el rostro, como las manos y la golilla del pintor afincando en Toledo han quedado bastante desfigurados. El paso del tiempo y la cercanía al mar han podido con la sólida piedra, pero no con la reivindicación del genial cretense. Salimos y parece que la lluvia nos da una tregua para que podamos dar un paseo por la parte antigua de Sitges.

http://museusdesitges.cat/es/museo/maricel/museo-de-maricel