Un viaje al rededor de los museos

Museos pequeños, museos con encanto, museos poco conocidos, museos y/o fundaciones de mis artistas o arquitectos favoritos, museos que he tenido el gusto de visitar y que, por diferentes razones, merecerían volver a ser visitados.

Todos los textos y fotos de este blog son autoría y propiedad de Agustín Calvo Galán. Si quieres citarlos o usar las fotos, puedes hacerlo; pero, por favor, indica la procedencia y la autoría. Gracias.
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lunes, 3 de julio de 2023

Museo Cerralbo (Madrid)

Escalera interior.
Museo Cerralbo










Atravieso la remodelada plaza de España de Madrid en dirección al cercano Museo Cerralbo. Reflexiono sobre la ciudad, porque toda gran ciudad está siempre renovándose, cambiando, reinventándose; en cambio me dirijo a un lugar petrificado en el tiempo.

Por fuera, el edificio que contiene el Museo Cerralbo no parece diferente al resto de edificaciones del entorno. Pero, en cuanto traspaso su gran puerta en la fachada, me encuentro en el interior de una casa singular. No podía ser de otra manera, pues aquí se conserva, digamos, intacto una parte del Madrid de finales del siglo XIX, esa época tan convulsa y determinante para la historia contemporánea de España. Este lugar fue la residencia de una familia aristocrática: los marqueses de Cerralbo. Más concretamente, aquí vivió el XVII marqués de Cerralbo, Enrique de Aguilera y Gamboa (1875-1922), político carlista, Grande de España, historiador, promotor de las artes y las excavaciones arqueológicas, quien donó al estado, a su muerte, el edificio y las obras que en él se encuentran para que su patrimonio y memoria fueran preservados de la mejor manera posible.

Lo primero que resalta es la gran escalera que permite a los visitantes moverse entre los tres niveles de la casa. Mientras subo las escaleras, me percato de que dos hombres rubios, de cierta edad, asciende tras de mí. Los oigo hablar y deduzco que son neerlandeses. Curiosamente, me fijo en uno de los grandes cuadros de batallas navales que cuelgan en el hueco de la escalera; tiene una inscripción en grandes letras, donde pone, para mi sorpresa: derrota de la armada holandesa por el conde de Alcudia. Llego al final de la escalera, en la parte más alta, pero me quedo cerca, disimulando, para ver la reacción de los dos visitantes que me siguen, me ha parecido entender que uno de ellos hablaba español. Efectivamente, cuando llegan a la altura del cuadro, ambos se quedan mirando la pintura, entonces oigo como leen: derrota de la armada holandesa, y repiten varias veces en voz alta la palabra "derrota" como si no comprendieran muy bien su significado, intentando pronunciar correctamente la erre doble española. He de continuar el recorrido, pero no puedo evitar echarle un último vistazo a los holandeses: están petrificado en medio de la escalera.

Recorro la primera planta, impresiona y me agobia tanta decoración. Aquí todo se acumula en una especie de horror vacui muy de la época; o tal vez sería mejor hablar de abigarramiento o de pastiche atemporal, pues lo neoclásico se une a lo barroco en un continuo sin transición. Joyas, libros, muebles, portadas de periódicos enmarcadas, árboles genealógicos, vitrinas llenas de objetos inclasificables, esculturas, armas de fuego de varios tipos y pinturas, salas de lectura, despacho, biblioteca, habitaciones, maderas nobles, lavabo escondido, galería y la famosa sala de baila por la que "el todo Madrid" pasó y disfrutó entre espejos, lámparas de araña, mármoles y dorados. Al parecer, aquí sonaban valses y polcas mientras la armada española era derrotada y humillada en Cuba y Filipinas.

Sin embargo, me tengo que sobreponer al cúmulo de decoraciones y apreciar algunas de las joyas de la colección de pintura que cuelgan de las paredes, como una Inmaculada de Zurbarán o un San Francisco de el Greco. Sin duda, una parte del conservadurismo del marqués de Cerralbo le llevó a convertirse en amante de la historia y en coleccionista de arte. Nos queda ese legado para imaginarnos una época de luces y pérdidas. 

Acabo mi recorrido y retorno a las calles del Madrid de hoy. Una lluvia fina se ha abalanzado sobre la ciudad. Muy cerca, tras la transparencia acuosa, veo los colores cálidos del colosal Palacio Real. 

https://www.culturaydeporte.gob.es/mcerralbo/home.html

http://www.fundacionmuseocerralbo.es/

jueves, 1 de junio de 2023

Museo Monumento Sant Nikolai (Hamburgo, Alemania)

 

En la silueta de Hamburgo sobresalen muchas agujas o torres, desde la civil del ayuntamiento, pasando por los campanarios de varias iglesias en el centro de la ciudad. Hoy esta capital portuaria muestra un esplendor urbano que mezcla perfectamente canales y calles, clasicismo y modernidad, puentes y grúas portuarias, justo en la desembocadura del río Elba, en una mezcla de épocas y estilos arquitectónicos que culminan o se resumen con el nuevo y espectacular edificio de la Elbphilarmonie, orgullo de Hamburgo y de toda Alemania. 
Sin embargo, en medio de la trama urbana sobresale un campanario: el de una iglesia en ruinas. Se trata de la torre de Sant Nikolai. Al igual que pasa en Berlín con la iglesia Memorial del Káíser Guillermo, este edificio no se reconstruyó al acabar la II Guerra Mundial para que se convierta el recuerdo imborrable de los momentos más terribles de la historia de Alemania.
En el siglo XII se construyó una pequeña capilla a San Nicolás cerca del puerto de Hamburgo, patrón de marinero y viajeros. Durante el transcurso de los siglos la iglesia se fue agrandando, hasta que en el siglo XIX, tras un pavoroso incendio, fue reconstruida según la moda neogótica que provenía de Inglaterra. Durante los bombardeos aliados que sufrió Hamburgo en 1943 la iglesia quedó severamente dañada. Las ruinas actuales son el fruto de aquellos momentos de horror, y se han convertido en testimonio físico de ello y también documental, pues en su cripta (la única parte que quedó intacta tras la guerra) se ha creado un museo a tal fin. 
Nos acercamos a las ruinas de la iglesia. Para nuestra sorpresa, descubrimos que el campanario se ha restaurando y se ha instalado un moderno ascensor para subir a la parte más alta de la aguja: el carrillón. Al comprar la entrada para subir en el ascensor nos informan de que también nos servirá para bajar al museo. Es decir que por unos módicos 5 euros tenemos acceso al mirador de la torre y al museo conmemorativo.
Subimos primero en el moderno ascensor acristalado, que asciende por la esbelta y viaje torre gótica, hasta la parte más alta, desde donde podemos admirar, en 360 grados, unas vistas espectaculares de todo Hamburgo junto a otros visitantes. A continuación, tras bajar al nivel de la calle, descendemos por unas escaleras hacia la entrada del museo. De repente, nos encontramos en medio de un silencio monacal, aquí somos los únicos visitantes. Las luces atenuadas nos encaminan hacia las diferentes salas. Primero se nos explica la historia de la iglesia misma, a continuación accedemos a una sala dedicada a la ciudad de Hamburgo durante los años del nazismo previos a la guerra. Aquí vemos diferentes fotos y carteles de la época: la interferencia del nazismo en todos los ámbitos de la vida alemana está aquí muy presente, tanto a través de la propaganda, como por el comienzo de las leyes raciales y las deportaciones. En las siguientes salas ya se hace referencia a Hamburgo durante la guerra, y especialmente podemos observar fotos sobre el resultado de los bombardeos aliados sobre la ciudad. La destrucción prácticamente total del centro sobrecoge. Únicamente se respetó el edificio del ayuntamiento puesto que su torre servía de guía a los pilotos de los bombarderos. 
Al salir de nuevo a la luz del día, seguimos  paseando por las animadas calles de Hamburgo, aunque de vez en cuando nos topamos con pequeñas placas metálicas incrustadas en las aceras, en ellas se han inscrito los nombres de las personas deportadas (o asesinadas allí mismo) que vivía en aquellos edificios antes de la guerra. Es admirable el esfuerzo de la Alemania moderna por no olvidar cómo las alucinaciones, la política y los horrores de los nazis (junto a la enajenación de todo la población alemana) fueron la causa directa de la destrucción material y moral de su propio país y de casi toda Europa.  

lunes, 27 de marzo de 2023

Museo Nacional Escocés (Edimburgo, Reino Unido)

Llueve en Edimburgo, nada extraño obviamente, así que no apetece demasiado pasearse por el centro histórico, aunque la piedra negra de los edificios brille solemne bajo el manto acuoso, dándoles un aire más irreal, menos rotundo a esta capital de Escocia. Por lo que es un buen día para visitar el Museo Nacional Escocés, que está en el centro de la ciudad y, por añadidura, la entrada en gratuita. No siempre el hecho de que un museo o una actividad sean gratuitos implica un recorrido placentero, más bien a veces ocurre lo contrario y un lugar acogedor a priori, como una institución museística, puede convertirse en un espacio para multitudes o, peor aún, para hordas sin concierto, lo que perjudica seriamente cualquier intento de visita. Con ese temor nos dirigimos hacia el museo.

La idea de Museo Nacional se me antoja, en el mundo anglosajón, una miscelánea cultural o amalgama transfronteriza que todo lo puede abarcar, desde la antigüedad hasta la actualidad, desde todas las formas de arte hasta las investigaciones científicas, a imagen y semejanza del Museo Británico. Aunque en Escocia no encontramos las grandes obras de la antigüedad que los británicos reunieron (por no decir robaron) en Londres de Egipto, Grecia, Roma u otros lugares, colonizados o no por ellos, sino más bien un recorrido más contenido, lo cual no es malo, por la ciencias naturales y la historia.

Lo primero que impresiona en el interior del museo escocés es el propio edificio y, en especial, la gran galería central, su joya de la corona, de metal y vidrio, con tres pisos de altura, que centralizada y guía cualquier visita. El hierro fundido y el techo de cristal dan un aspecto magnífico a este tipo de gallerías que nos retrotraen al siglo XIX, o a la época victoriana en la que la ciencia y la técnica se pusieron al servicio de un progreso que, por aquel entonces, parecía infinito. Nosotros nos quedamos maravillados ante el amplísimo espacio de la galería y, aunque hoy es un día gris y entra poca luz por los lucernarios del techo, nos imaginamos cómo será de impresionante esta gran sala en los días soleados. 

Desde la gran galería central vamos accediendo a los diferentes niveles y espacios. Hoy las familias con niños lo invaden todo y es que este museo tiene mucho de interactivo o lúdico. Me recuerda al antiguo museo de la ciencia de Barcelona. Los niños se arremolinan frente a paneles con juegos que, en realidad, esconcen pequeños trucos o explicaciones sobre algún aspecto científico a aprender. Aquí el tocar se hace perentorio y los niños disfrutan de lo lindo. Nosotros pasamos con cierto desdén entre el griterío de los críos, el aburrimiento de los padres y los plafones con fotos, los materiales didácticos, etc.

A continuación, atravesamos otras salas dedicadas a la historia de Escocia: esculturas, documentos, armas, muebles, vestimentas antiguas, joyas. armaduras, oficios de un país que, podríamos decir, ya no existe. Pero nuestros pasos nos devuelven a las salas de historia natural, pues aún tenemos que ver al animal fantástico más famoso de Escocia y que no es el monstruo del lago Ness (en el que en este museo serio no hay ninguna referencia, por supuesto). Porque lo cierto es que, además de la gran galería, aquí encontraremos la otra "joya" del museo, que atrae todas las atenciones, también la nuestra: la oveja Dolly. Cuando nos encontramos frente a ella, naturalmente disecada para la eternidad y colocada en el interior de una vitrina, nos sentimos algo defraudados, pero es que en el fondo se trata de una oveja como cualquier otra, igual de vulgar como las que hemos ido viendo durante nuestro recorrido por las Tierras Altas, puesto que su única diferencia, o en este caso el morbo, es saber cómo fue "concebida". 

Acabamos nuestro recorrido y volvemos a las calles mojadas de Edimburgo. Parece que, por fin, ha dejado de llover, pero lo mejor será refugiarnos en un pub, como aquí hacen los indígenas.

https://www.nms.ac.uk/national-museum-of-scotland/


lunes, 2 de enero de 2023

Museo de la Bauhaus (Dessau, Alemania)


En la localidad alemana de Dessau podemos encontrar el Museo de la Bauhaus. Se trata de un edificio nuevo, inaugurado en el 2019, que recoge a manera de archivo actualizado la experiencia arquitectónica y artística del movimiento renovador que fundara el arquitecto Walter Gropius en Weimar en 1919 (por tanto, este museo formó parte de la conmemoración del centenario de dicha fundación). Muchas son las ciudades relacionadas con esta escuela arquitectónica, desde Berlín a Chicago, pasando por Tel Aviv. Sin embargo, en 1925 Gropius firmó uno de sus proyecto más conocidos precisamente en Dessau, la Escuela de la Bauhaus, un edificio paradigmático e icónico para la historia de la arquitectura moderna. 

Mientras nos vamos acercando a Dessau, busco en el mapa la localización del Museo pensando, confieso mi confusión, que se encuentra en el mismo edificio de la Escuela diseñada por Gropius. Pero no, al llegar, enseguida nos damos cuenta de que estamos ante otro edificio, de nueva factura, en el centro mismo de Dessau, en el extremo de un parque. La escuela (declarada patrimonio mundial por la UNESCO), a la que iremos después, se encuentra en otra parte de la ciudad. Así nos encontramos con un inmenso cubo de cristal oscuro que conecta la zona ajardinada con la urbana. Entramos por una puerta abierta y accedemos a un inmenso vestíbulo casi vacío, parece que estamos en una nave industrial más que en un museo, el suelo gris de hormigón, sillas de diseño con mesitas en los extremos, una pequeña librería y el mostrador con información. Cuando nos acercamos, interesados por el coste de la entrada, enseguida nos preguntan en qué idioma queremos el folleto informativo. Sí, lo tienen en español. Entonces nos entregan una cartilla plegada con un plano y textos sobre el museo. Es así como descubrimos que este edificio es un proyecto de un estudio de arquitectura de Barcelona, Addenda Architects. 

La colección se encuentra en el piso superior, al que accedemos por una escaleras. Se trata de un interior oscuro (para la correcta conservación de los objetos originales, se nos indica en el folleto) o caja negra: aquí no hay ventanas ni vistas al exterior ni luz natural. Lo primero que encontramos es la reproducción de las icónicas figuras que Oskar Schlemmer diseñó para el ballet "triádico", y es que el movimiento de la Bauhaus no fue solamente arquitectónico, sino que pretendía abarcar todas las artes, en un continúo creativo sin fronteras, incluida la danza. Nos adentramos a continuación en la gran sala donde se encuentra una parte de los 49.000 objetos que se han reunido en este museo. En unos grandes expositores de madera, sencillos y funcionales, podemos ver los objetos originales, planos, proyectos, dibujos, fotografías, maquetas, muebles, etc. No hay un cristal ni nada que parezca impedir que podamos tocarlos, pero enseguida descubrimos que un dispositivo sonoro, es decir: un pitido irritante, se pone en funcionamiento si te acercas mucho a algún expositor. Es así como, de vez en cuando, más cerca o más lejos, oímos el pitido, pues siempre hay algún visitante peligrosamente cerca de un objeto. Si para nosotros este sonido repentino que se repite es algo enervante, no quiero ni imaginar para los sufridos vigilantes del museo. No obstante, algunas cosas sí las podemos tocar, especialmente ciertos muebles, colocado fuera de los expositores, incluso nos podemos sentar en las famosas sillas Barcelona que Mies Van de Rohe diseñó para el pabellón alemán de la Exposición Universal del 1929. 

Al fin, el museo quiere ser no solo un lugar de exposición y conmemoración de aquel movimiento arquitectónico que tanto renovó o influyó especialmente en el diseño de muebles y en la forma de concebir los edificios, sino un lugar de investigación y trabajo. El campo es muy amplio porque la Bauhaus produjo una infinidad de ideas que marcaron la modernidad y la funcionalidad, por lo que podríamos decir que es un movimiento sigue vigente.

Antes de salir, pregunto en información cómo llegar al edificio histórico de la Escuela diseñado por Gropius.

 https://www.bauhaus-dessau.de/en/bauhaus-museum-dessau.html

martes, 22 de noviembre de 2022

Museo Belvedere (Viena, Austria)

Una ciudad como Viena apabulla: su oferta artística, histórica y arquitectónica es inabarcable, habría que vivir unos meses en la capital de Austria para completar una visión certera de todo lo que ofrece al viajero. Y los museos, obviamente, forman parte de su legado. Por todo ello, la primera vez que se visita, uno necesita seleccionar muy bien qué quiere ver en función, obviamente, de los intereses o gustos de cada cual. En nuestro caso, el pintor Gustav Klint nos atrae poderosamente, así que dirigimos nuestros pasos hacia el Museo Belvedere, situado en el interior de un palacio barroco. 

Entramos por unos grandes jardines escalonados, a la manera francesa, repletos de esculturas y de fuentes, de una exuberancia digna de la corte austrohúngara, en los que, según cuenta la historia, se celebraron grandes esponsales que unieron dinastias, se firmaron tratados y se creo la moderna república austríaca. Tras atravesar la Orangery y los jardines, nos dirigimos directamente al palacio que guarda en su interior alguna de las joyas pictóricas de la Viena de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, es decir la época de esplendor de la capital austríaca, cuando desde aquí se gobernaba un extensísimo imperio europeo multiétnico que se vino abajo estrepitosamente tras la I Guerra Mundial.

No es de extrañar, por tanto, que la colección permanente del museo cuente con algunas de las obras de arte más famosas del mundo, pero también presenta un recorrido por el arte austríaco desde la Edad Media hasta el siglo XX, dando un contexto evolutivo conveniente al arte europeo en su conjunto. Nuestros pasos se dirigen con certeza, cómo no, hacia las obras de Klint. Estamos espectantes por contemplar el archifamoso "Beso", una obra que atrae la mirada de las multitudes, y que resume perfectamente el arte de este artistas austríaco del modernismo vienés que supo ser original y revolucionario en especial gracias a la simbología de sus temas, así como a la perfecta unión entre forma y fondo, donde la belleza y el humanismo van de la mano. Pero el museo también nos muestra obras de otros insignes rompedores como Egon Schiele y sus desnudos impúdicos y perturbadores, o algunas de las obras del pionero del expresionismo y el malditismo Oskar Kokoschka, famoso también por su enfermizo romance con Alma Malher. 

Al fin, entre estas paredes no solo se puede admirar el arte de los pintores austríacos, sino también comprender su tremenda influencia posterior en el arte europeo del siglo XX.

https://www.belvedere.at/en

lunes, 17 de octubre de 2022

Museo Barberini (Potsdam, Alemania)



Los turistas suelen llegan a la ciudad alemana de Potsdam para visitar los magníficos palacios de los reyes de Prusia, como por ejemplo el famoso Sansouci. Pero esta ciudad cercana a Berlín tiene mucho más que ofrecer. Nosotros nos acercamos con el S-Bahn hasta la estación central de Potsdam, y damos un largo paseo hacia el recinto ajardinado de lo palacios que se encuentra en las afueras. Así atravesamos la ciudad. Al pasar por una gran plaza, presidida por una iglesia neoclásica con una cúpula gigante, nos fijamos en un edificio de arquitectura clásica italiana. Enseguida nos damos cuenta de que es un museo de arte y que lleva un nombre, curiosamente, también italiano: Barberini. 

Después, buscando información sobre el museo, descubro que durante la época de la RDA este lugar era un parking al aire libre. Evidentemente, como tantas ciudades alemanas, Potsdam fue reducida a escombros durante los bombardeos de la II Guerra Mundial y, después, las autoridades de la Alemania comunista no se esforzaron por devolverle su antiguo esplendor. También descubro que este edificio Barberini es, en realidad, un intento de reconstruir una parte del palacio que los reyes de Prusia tenían en el centro de la ciudad y, concretamente, un ala que llevaba ese mismo nombre. Tras la reunificación alemana, en los años 90 del siglo pasado, las nuevas autoridades quisieron que el centro de Potsdam, la plaza del Mercado, recuperara su monumentalidad. Por tanto, el museo Barberini se encuentra en un edificio completamente nuevo, construido para dar cobijo a varias colecciones de arte de algunos magnates industriales alemanes como Hasso Plattner (fundador de SAP).

El edificio fue inaugurado en el 2017, y se distribuye en 3 plantas. Subimos, con un moderno ascensor a la  más alta. para comenzar a ver la colección permanente, compuesta en su mayor parte por obras de impresionistas franceses: Monet, Pissarro, Renoir, Caillebotte, etc. pero también de Sisley; todo obras magníficas, paisajes, marinas, puertos, barcos, atardeceres llenos de luz y color. A continuación bajamos hasta la exposición temporal que se exhibe actualmente: The Shape of Freedom, se titula, dedicada al movimiento abstracto internacional posterior a 1945, aquí se han reunido para la ocasión obras de Joan Mitchell, Pollock, Rothko, Lee Krasner, y un largo etcétera. Se trata de una selección de artistas de ambos lados del Atlántico que, en los años posteriores a la II Guerra Mundial, coincidieron en la abstracción, cada uno con sus propias características, y le dieron un carácter muy cosmopolita a dicho movimiento artístico.

Salimos del museo y volvemos al clasicismo presente de Potsdam tras atravesar el arte de finales del siglo XIX y el siglo XX.

https://www.museum-barberini.de/en/


domingo, 21 de noviembre de 2021

Museo Casa Lis (Salamanca)









Atravesamos el río Tormes por el Puente Romano, frente a nosotros la pétrea y luminosa Salamanca. La tarde nos acompañada con una temperatura agradable. Avanzamos hacia el centro histórico y, de repente, nos sorprende una fachada acristalada, ligera y colorida, con escalinata y balconada, que contrasta grandemente con el entorno clásico salmantino. Se trata de la Casa Lis, Museo Art Nouveau y Art Déco. Estamos ante su fachada trasera, que mira al río, mientras que la fachada principal, a diferente altura, da a la calle Gibraltar, que es hacia nos dirigimos para visitarla.

A principios del siglo XX, Don Miguel de Lis, rico propietario de una fábrica de curtidos, le encargó al arquitecto Joaquín de Vargas y Aguirre la construcción de un palacete urbano según el estilo modernistas que se estaba empleando en la arquitectura de la época en Bruselas, París o Viena. El resultado fue esta magnífica Casa Lis, única y sorprendente en tierras castellanoleonesas, inaugurada en 1906. La casa fue cambiando de propietarios a lo largo del siglo XX, hasta que en los años 70 fue abandonado y quedó en estado ruinoso. En los años 80, por fortuna, el ayuntamiento de Salamanca, consciente de su gran valor, la expropió y la renovó para convertirla en el actual museo.

Entramos y lo primero que nos deja con la boca abierta es el gran patio con columnas y techo acristalado en el centro de la casa. Los cristales de colores, con motivos abstractos, ligeramente paisajistas, dejan entrar la luz de la tarde y crea un espacio acogedor y sereno, repleto de tonalidades azules y verdes. En un rincón un piano, cuadros en las paredes y alguna que otra escultura llenan el espacio. Nos dirigimos primero, en la planta baja, a ver la exposición temporal, titulada "Tres visiones de España", con cuadros de nada más y nada menos que de Sorolla, Romero de Torres y Gutiérrez Solana. La recorremos admirados por el contrate que estos tres pintores coetáneos crearon en la historia del arte español, que coincide, pensamos, con las mismas vicisitudes, luces y sombras, del país a principios del siglo XX: Sorolla trae la claridad y el optimismo, no sin cierto melancolía, de la España mediterránea; Romero de Torres nos muestra la mujer andaluza, racial, castiza, con cierto aire simbolista y oscuro, tan en boga en toda la Europa de la época; por último, Gutiérrez Solana nos trae una España popular, festiva, pero también negra e irracional, de una religiosidad ancestral, aterradora y destructiva.

En el primer piso nos sorprende la colección de arte decorativo, donación del anticuario y coleccionista Don Manuel Ramos Andrade, formada por obras en pequeño formato de vidrio, pero especialmente por figurillas llamadas criselefantinas, obras típicas del art noveau europeo (realizas en talleres franceses o centroeuropeos) que dan forma a personajes tanto de la mitología como otros tipos femeninos fantasiosos, muy de moda en la época, hechas con una precisión y un preciosismo espectaculares. Estas figuras se elaboraban con varios materiales como el bronce, el esmalte y especialmente el marfil. La colección se completa con otro tipo de objetos de decoración y especialmente con muñecas antiguas, junto a las que pasamos rápidamente, porque estas niñas de porcelana, con sus rostros pretendidamente dulces e infantiles y sus ojos de azabache, siempre me han parecido algo terroríficas.

Cuando salimos, comienza a hacerse de noche y la ciudad se ilumina artificialmente para que podamos continuar paseando por ella.

http://www.museocasalis.org/nuevaweb/

 

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Museu da Terra de Miranda (Mirando do Douro, Portugal)


Atravesamos el Duero por la carretera que pasa sobre la presa de Miranda. Ante nosotros el asfalto sube en curvas cerradas hacia Miranda do Douro. Pero enseguida llegamos a la ciudad. Abajo queda el río Duero, frontera natural entre España y Portugal, serpenteando entre los altos muros que forman aquí los llamados Arribes.

Hace un sol de justicia, caminamos por la calles en busca de algún lugar para refugiarnos. Lo encontramos rápidamente; el Museu da Terra de Miranda en la plaza Don Joao III llama nuestra atención.

Desde hace mucho esta esquina de Portugal ha despertado mi curiosidad: es la única parte del país luso que reafirma su personalidad diferenciada a través de una lengua propia: el mirandés. Enseguida me percato de que en las calles se ve algún que otro cartel bilingüe. Según parece, este idioma tiene un origen común con el asturleonés que en algún momento de la historia se hablaba desde las costas de Asturias hasta el Duero, por las tierras de Zamora, León y Salamanca. Por tanto, creo que un museo dedicado a la etnografía de esta región puede ayudarme a conocer un poco más esta realidad bilingüe actual.

El edificio parece el más antiguo de la plaza, es del siglo XVII, y conserva una arquitectura tradicional. En realidad se trata de dos edificios, uno con dos arcos y una balconada con columnas encima, y el otro más austero, muestra una inscripción y un escudo de Portugal sobre el dintel de una puerta. Todo me recuerda a la arquitectura tradicional gallega. Al parecer, había sido sede municipal y en algún momento también había servido de cárcel. Desde 1982 es la sede del Museu da Terra de Miranda.

Entramos por uno de los arcos y nos encontramos a dos señoras detrás de un mostrador. Pagamos la entrada y nos indican que podemos pasar a las salas. Una de las señora nos acompaña. Pienso primero que lo hace para guiarnos y para explicarnos algunas cosas, pero en realidad nos está vigilando, pues las piezas se exponen sin protección y el museo no dispone de videovigilancia. Las colecciones que componen el museo muestras el instrumental típico de los oficios de antaño: cacharos de cocina, telares de madera, herramientas del campo, cerámicas tradicionales, etc. En una de las salas, una gran cómoda nos llama la atención. La señora que nos acompañada a cierta distancia nos dice que se puede convertir en cama. Las cartelas en cada sala están en dos idiomas: mirandés y portugués, me fijo en lo escrito en mirandés, descubro el parecido con el poco asturiano que conozco. De repente, me llama la atención el inicio de una de las palabras con "ÇQ" y le pregunto a la señora-vigilante cómo se pronuncia. Ella se muestra algo sorprendida e incómoda con mi pregunta y me responde que no habla mirandés. 

En otras salas nos encontramos una exposición fotográfica temporal titulada "Máscaras ibéricas". Vemos en los carteles que está patrocinada por la Unión Europea, la República Portuguesa y por la Junta de Castilla y León. Efectivamente, aquí se muestran imágenes de fiestas populares en el que se usan las máscaras típicas del carnaval de diferentes parte del norte de la península. Recuerdo el entroido gallego y otras festividades ancestrales y precristianas donde las máscaras han contribuido a darles una personalidad artística propia.

Antes de salir del museo me fijo en si venden algún libro, tal vez en lengua mirandesa, pero tan solo tienen un aparador con unas pocas cosas de artesanía local. Espero y deseo que la cultura y la lengua mirandesa no haya quedado reducidas a lo que se muestra en este museo. 

https://www.visitportugal.com/es/NR/exeres/5B2AE1AF-CCEF-4C08-A809-819AE7DEB4C3

lunes, 7 de diciembre de 2020

Museo Nacional de Tokio (Japón)

 


Amanece en Tokio con el cielo muy oscuro. En días de lluvia lo mejor es refugiarse en algún museo que nos proporcione un techo y actividad durante varias horas. Salimos del hotel convenientemente equipados con chubasquero y paraguas, y nos dirigimos a coger un tren de la línea Yamanote que nos acerque al parque Ueno. La lluvia no cesa cuando llegamos y vamos a paso firme directos al Museo Nacional de Tokio: una gran institución museística que nos dará cobijo en este día de aguaceros otoñales. No parece que haya mucha gente comprando la entrada para acceder a su interior. Para nuestra suerte, no a todos los turistas les gusta visitar museos, ni siquiera cuando diluvia.

Entramos en el edificio principal, que data de los años treinta del pasado siglo y tiene un aire ciertamente art déco, aunque los tejados son de estilo tradicional japonés, a cuatro aguas. Lo recorremos pasando por las diferentes salas y galerías. Aquí hay desde espadas y armaduras de samuráis hasta kimonos bellísimos; también vemos piezas encontradas en yacimientos prehistóricos, como una impresionante estatuilla de cerámica del período llamado Jomon, con unos ojos gigantes: se trata de una figura femenina de anchas caderas y cintura de avispa Venus ancestral hermanada con tantas otras, como la encontrada en Willendorf (Austria), mundialmente famosa porque los adalides del esoterismo galáctico internacional quieren ver en ella a un extraterrestre y no a un ser humano, y es que unos ojos inmensos en un figurilla tan pequeña le proporcionan, efectivamente, un aspecto algo raro. Otra de las artesanías que más llaman nuestra atención son las máscaras de teatro Noh, algunas del siglo XVIII, así como algunas piezas de porcelana de lo más refinadas.

También se pueden admirar paneles o biombos pintados al más puro estilo japonés. Algunas de las piezas más antiguas son paneles provenientes de China, decorados con una caligrafía de trazos muy expresivos. Al fin, encontramos una sala dedicada a la pintura japonesa de época más moderna, donde destacan las pinturas de Hokusai de tipo Ukiyo-e, que nos reconfortan y atraen poderosamente; aunque también hay lienzos de artistas contemporáneos con una evidente influencia occidental junto a los que pasamos corriendo.

Al lado del edificio principal se sitúa otro dedicado al arte oriental en general. En este encontramos una gran cantidad de estatuas budistas provenientes de toda Asia y de diferentes épocas, así como delicada porcelana china de diferentes épocas. En otra de las salas nos topamos con talismanes y objetos de adivinación, un tema que a los japoneses parece que les encanta: son muy aficionados a todo tipo de futurología, y lo más curioso de todo, al menos para nosotros, es que en muchos casos está ligada a la religión.

Antes de salir del Museo, visitamos su tienda y me compro un par de libros en inglés, uno de arte japonés y otro de estatuaria budista: me gustaría tener una idea más clara sobre la proliferación de diferentes tipos de estatuas de Buda y de bodhitsattvas que nos hemos encontrado recorriendo Japón. Demoramos nuestra salida, afuera sigue lloviendo con más intensidad si cabe. 

https://www.tnm.jp 

lunes, 5 de octubre de 2020

Centro Botín (Santander)


Una nave espacial ha aterrizado en los Jardines de Pereda de Santander, justo delante de la antigua sede del Banco de Santander. Su perfil aerodinámico es imponente, y contrasta con el clasicismo gris de la ciudad que tiene detrás. Pero no, en realidad no es ninguna nave venida de otros mundos, sino el flamante Centro Botín, inaugurado en el 2017, obra del ínclito arquitecto italiano Renzo Piano. El edificio está compuesto por dos cuerpos que se elevan del suelo por unas columnas ligeras, lo que produce la impresión de que en cualquier momento va a salir volando. Entre ambos edificios, una estructura metálica exterior, con ascensores y las escaleras de entrada, los une. Subimos por estas escaleras, después de comprobar que desde la planta baja, donde se ubica una librería y una cafetería, no se puede acceder a las plantas superiores. En la taquilla preguntamos si los clientes del Banco de Santander (ahora llamado Santander a secas, como la ciudad misma, solo que en masculino) tenemos algún descuento, pero no. Está claro que la fundación propietaria de este centro quiere distanciarse en todo del banco fundado por la familia Botín, en eso no se parece a la fundación La Caixa, en la que el negocio bancario y la obra social van unidos.

En la taquilla nos informan de las dos exposiciones que podemos visitar. La primera es de retratos: se trata de una selección de obras pertenecientes a la Fundación Botín que recorre brevemente la historia del retrato con obras de grandes pintores del siglo XX. Y digo brevemente porque esta exposición está compuesta solo por un puñado de cuadros. Es cierto que son excepcionales, pero el recorrido se nos hace corto. Aquí encontramos, nada más y nada menos que, femme espagnole (1917) de Henri Matisse; Self Portrait with injured eye (1972) de Francis Bacon; Arlequín (1918) de Juan Gris; Al baño. Valencia (1908) de Joaquín Sorolla; Mujer de rojo (1931) de Daniel Vázquez Díaz; Figura de medio cuerpo (1907) de Isidre Nonell; El constructor de caretas (1944) de José Gutiérrez Solana y Retrato de mi madre (1942) de Pancho Cossío. Nos paramos especialmente en las obras de Sorolla y, la pequeña pero llamativa, como siempre, de Bacon; entre ambas el siglo XX lo cambió casi todo de una manera muy dramática.

La segunda exposición está formada por una serie de instalaciones del artista albanés Anri Sala titulada As you go (Châteaux en Espagne). Nos deja muy impresionados una en concreto: en una gran sala se proyectan, en grandes pantallas (algunas móviles),interpretaciones musicales: unas manos tocan las teclas de un piano, a veces las manos desaparecen y el piano sigue sonando, otras los movimientos de los dedos no se corresponden con las notas que están sonando. Nos quedamos un buen rato viéndola. La instalación es espectacular, primero la observamos con distancia y respeto, después comprobamos que se nos permite meternos entre las pantallas, formar sobras sobre ellas: somos dos perfiles entre la música. Nos agrada el juego que se crea. Desde aquí también accedemos a los inmensos ventanales que dan al mar o a la ciudad, en los flancos del edificio-nave. En estas grandes salas se han colocado instalaciones más pequeñas, creando un contraste importante entre contenido y contenedor, como una pequeña caja de música, un espejo que nos refleja deformados, etc. 

Salimos del Centro Botín con la sensación de haber visitado dos exposición sumamente interesantes, aunque el edificio en sí nos ha resultado algo grandilocuente para lo que realmente contiene. 

https://www.centrobotin.org/

lunes, 16 de septiembre de 2019

Museo Palladio de Vicenza (Italia)

La ciudad de Vicenza, en el interior de la región del Véneto, es una de las mecas de la arquitectura gracias a todos los edificios que en ella se conservan del insigne arquitecto Andrea Palladio (Pádua, 1508 - Maser, 1580), que recuperó la arquitectura clásica greco-romana y la actualizó para mayor gloria del cinquecento italiano y del buen gusto de las ricas familias venecianas, que pudieron construirse aquí grandes palacios y extensas villas, lejos de la bulliciosa y ocupada Venecia.
Es nuestro último día en la ciudad, hemos visitado ya algunas villas como la Rotonda, la Foscari y la Emo; también el extraordinario Teatro Olímpico, cuyo exterior austero oculta la bellísima perla que guarda en su interior: una escenografía para la eternidad. Pero aún nos falta visitar el Museo Palladio, situado en el Palacio Barbarano, obra también de Palladio, por supuesto. Entramos y nos recibe un patio cerrado, con dos columnatas superpuestas, jónicas en la parte de abajo y corintias en la galería superior, reproduciendo el modelo fijado en la fachada del edificio. Subimos por una gran escalera en la que se explica, en sus paredes, la cronología de la vida y obra de Palladio, comparándola con los acontecimientos más importantes de su época. Recorremos las salas, aquí hay maquetas de muchos de sus edificios, también moldes que cortan verticalmente columnas y molduras, algunos tienen explicaciones sobre las técnicas de construcción. Todo tiene un aire muy didáctico. En los techos, no nos pasan desapercibido los frescos que aún se conservan.
Después, en la librería del Museo encuentro un libro sobre la evidente influencia de Palladio en la arquitectura posterior, especialmente durante el neoclasicismo del siglo XVIII y XIX. Cuando los norteamericanos, independizados ya del rey de Inglaterra, tuvieron que construir los edificios oficiales para su nueva capital miraron a Palladio: ahí su Capitolio y su Casa Blanca, magníficos símbolos del poder; también los británicos de la época victoriana se inspiraron en los edificios de Palladio, y con ellos gran parte de Europa y el mundo.
Salimos del Museo, es domingo por la tarde y las calles están repletas de visitantes y autóctonos. las tiendas están abiertas, las terrazas de las cafeterías y heladerías están muy animadas, nada aquí se ha detenido. Agradecemos tremendamente que Vicenza no sea un parque temático ni una ciudad petrificada; a pesar de la bella y fija monumentalidad de su centro histórico, nos paseamos satisfechos por una ciudad viva, renovada y eterna a la vez.

https://www.palladiomuseum.org/
  

jueves, 22 de agosto de 2019

Casa Museo de los ingleses de Punta Umbría (Huelva)


La población de Punta Umbría (Huelva) es de sobras conocida por ser una localidad turística, Su privilegiada situación, en un lengua de tierra entre el río Odiel y el golfo de Cádiz, la convierte en un lugar ideal para la segundas residencias de sevillanos y onubenses, también como pueblo pesquero. Además, destaca por conservar, aún, grandes zonas con dunas salvajes y pinares, reminiscencias de un territorio antes de su reciente urbanización; pero también por su animada vida cultural, gracias al Teatro del Mar: un espacio cultural de una dimensiones envidiables hasta para una ciudad mediana. Nosotros hemos tenido la oportunidad de conocerla gracias a la feria de editores independientes, EDITA, que se celebra allí cada mes de mayo. Entre el 2007 y el 2010 acudí a dicha feria. Durante aquellos años pude visitar una de las curiosidades de Punta Umbría, la Casa Museo de los Ingleses, un edificio singular que viene a recordar las casas que construyó la Riotinto Company Limited para sus trabajadores británicos.
La presencia británica en la provincia de Huelva se remonta a finales del siglo XIX, cuando  la explotación de las minas de Río Tinto se concedió a una compañía inglesa. A principios del siglo XX dicha compañía construyó 14 casas cerca del mar, sobre las dunas de Punta Umbría, para que sus empleados descasaran durante los tórridos veranos o por enfermedad. La actual Casa Museo de los Ingleses es una reconstrucción moderna de aquellas casa construidas a principios del siglo XX para solaz de los británicos. Desgraciadamente no ha quedado ninguna de las casa en pie: cuando la compañía inglesa dejó de explotar las minas de Río Tinto se vendió todas sus propiedades y las casas fueron derruidas para, ¿cómo no?, la construcción de bloques de apartamentos. La casas tenían una característica común: estaban elevadas sobre pilones para evitar que las dunas de arena las pudiera cubrir. Además, contaban con una amplia veranda que las rodeaba. Su apariencia era, indudablemente exótica.
Así, la Casa Museo actual reproduce estas características, su singularidad se acrecienta o resalta al estar rodeada de edificios modernos y anodinos de apartamentos. En el interior se conservan algunos muebles de época y se puede hacer un recorrido didáctico con paneles que explican la presencia de los ingleses en Punta Umbría, sus aportaciones y también sus comportamientos y normas a menudo con un componente de colonizadores que, incluso, pretendía evitar que hubiera matrimonios mixtos entre ingleses y españolas. No sabemos hasta qué punto la presencia en inglesa ha dejado huella o recuerdo en la provincia de Huelva, pero sigue estando viva en diferentes ámbitos como esta Casa Museo o, por ejemplo, en el deporte, pues el club de fútbol de la capital, el Recreativo de Huelva, fue fundado por ingleses.


miércoles, 19 de junio de 2019

Fundación Maeght, Saint-Paul-de-Vence (Francia)

Tras pasar unos cuantos días recorriendo Alemania y los Países Bajos, volvemos hacia el sur desde París en un tren nocturno que nos lleva hasta la Provenza. Es agosto de 1995. En Niza tomamos un autobús de línea que nos lleva hasta el pintoresco pueblecito de Saint-Paul-de-Vence. Hemos venido hasta aquí para visitar la Fundation Marguerite et Aimé Maeght, y más concretamente la exposición estrella del verano: Bacon-Freud Expressions. No nos importa haber atravesado toda Francia en un tren sin literas, no nos importa haber dormido poquísimo, no nos importa cargar con las mochilas (que hemos podido dejar en la consigna de la estación de Niza), no nos importa alejarnos de la cosmopolita, luminosa y salina Promenade des Anglais, preferimos ir directamente a ver una exposición de arte contemporáneo. La fundación se inauguró en 1964 y es el gran legado que dejaron Marguerite y Aimé Maeght, los marchantes de arte europeos más importantes de su época. Lo primero que sobresale cuando nos acercamos a la Fundación es el edificio, obra del barcelonés universal Josep Lluis Sert. En la entrada, las bóvedas catalana nos dan la bienvenida, al igual que en la Fundación Miró de Barcelona. La arquitectura de Sert es sencilla, limpia, al servicio no de sí misma sino de lo que quiere contener, en este caso las obras de arte. Sobresalen aquí los tejados, formando inmensos canalones abiertos hacia el cielo, como grandes cuernos de bóvido, tal vez homenaje a los famosos toros de la cercana Camarga, Por el jardín vamos viendo esculturas monumentales de Miró, Braque o Calder, fuentes de Pol Bury. Nos atraen las figuras estilizadas de Giacometti, inconfundibles, estáticas o andando, son ancestrales, parecen que siempre han estado ahí, como si hubieran sido creadas en la antigüedad y, recientemente, descubiertas en un yacimiento. Pinos y esculturas, patios y cerámicas de Miro formando paredes, todo encaja de manera libre y natural, a diferentes alturas. Estamos en una ambientación muy mediterránea. En el interior, al fin encontramos la gran exposición temporal que hemos venido a ver. Pasamos un poco de largo por las obras de Lucian Freud y vamos corriendo hacia las de Francis Bacon: han traído hasta aquí algunas de las más importantes, sus deformes figuras, sus rostros reconstruidos después de haber sido destruido, nos atraen y horrorizan al mismo tiempo. No hay nada seguro en Bacon, el irlandés creaba obscenidades violentas, matéricas, bellezas imposibles, liminares, sin acomodo. Al salir, nos reencontramos con la luminosidad extrema de la Provenza. No podemos demorarnos mucho más, por la noche tenemos que coger otro tren nocturno, pero esta vez en dirección a Portbou, ahora sí de vuelta a casa.

https://www.fondation-maeght.com/

viernes, 7 de agosto de 2015

Casa Museo de Rosalía de Castro en Padrón (Galicia)

En el 2013 se celebró el 150 aniversario de la publicación de Cantares gallegos uno de los hitos del Resurgimiento (o Rexurdimento, en gallego) de la cultura en lengua gallega durante el siglo XIX. Rosalía de Castro fue su autora y aquel era su primer libro en gallego, pues con anterioridad había publicado novela y poesía en castellano. La figura de esta gallega universal, frágil y tenaz, que sufrió un sinfín de vicisitudes durante su vida, tanto literarias como vitales, y cuyo verdadero reconocimiento llegaría tras su fallecimiento, en parte por el gran simbolismo cultural que le confirieron los emigrantes gallegos, fuera en Barcelona o en Buenos Aires, tiene en su Casa Museo un punto de referencia ineludible. Al fin, convertida en un poderoso icono de la cultura y de la lengua de Galicia, su figura literaria y su popularidad fue creciendo durante todo el siglo XX, así como los reconocimientos institucionales. Algunos aún recordamos el antiguo billete de 500 pesetas en el que aparecía en el anverso un retrato de Rosalía, y en cuyo reverso se podía ver un dibujo, precisamente, de su Casa Museo en Padrón, así como unos versos con su propia caligrafía. Y es que Rosalía, que había nacido en Santiago de Compostela, murió en esta casa en 1885, a los 48 años de edad; llamada originariamente Casa da Matanza, fue reabierta para el público en 1972 y actualmente es sede de la fundación que gestiona su legado. Así, la Casa Museo nos propone no solo una visita cultural de lo más agradable, sino también un recorrido por un remanso de paz que nos conecta con el pasado y con la arquitectura tradicional (tan devastada en la Galicia actual). Además. Esta Casa conserva algunos enseres, recuerdos personales y muebles de Rosalía, como el escritorio en el que escribió sus últimos poemas, y también nos permite hacer un recorrido visual (con fotografías de Rosalía y de su familia) por su vida y por su obra, con diversas ediciones y traducciones de su obra. Aquí, no muy lejos de la costa, pero desde donde no se puede ver el mar, fue donde dijo la famosa frase con la que se despidió del mundo: 'Abre esa fiestra, que quero ver o mar'.



viernes, 12 de junio de 2015

Museo do Pobo Galego de Santiago de Compostela

Junto al imponente y moderno edificio del Centro Galego de Arte Contemporánea (obra del arquitecto portugués Álvaro Siza) y, según como se mire, ocultado por éste, se encuentra el Museo do Pobo Galego que aprovecha el antiguo convento de San Domingos de Bonaval. Según la tradición, fue creado por San Domingo de Guzmán, quien habría peregrinado a Santiago en el siglo XIII y lo habría fundado junto a una de las entradas de la ciudad. El conjunto museístico que forman el de Arte Contemporáneo junto al Etnográfico do Pobo Galego, son un buen ejemplo de los contrastes arquitectónicos de la Galicia moderna, donde no siempre se ha sabido conservar adecuadamente su arquitectura, especialmente la tradicional. Aunque, no es el caso de la capital de Galicia, Santiago, donde los visitantes pueden recorrer su casco antiguo sin sobresaltarse ante los destrozos producidos por la ignorancia interesada de las autoridades y la piqueta especulativa de otras capitales españolas.
El Museo do Pobo Galego es una institución creada en 1976 precisamente para investigar, divulgar, conservar y fomentar el respeto hacia la cultura gallega desde un punto de vista etnográfico. Sus salas nos permiten recorrer la tradición marinera y rural de Galicia, así como los diferentes oficios, algunos ya olvidados, y otras cuestiones como la indumentaria, la música o la arquitectura tradicional. Todo ello, y de forma sintética y amena, ayuda a los visitantes foráneos y a los propios gallegos a entender, más allá de la nostalgia de un tiempo pasado irrecuperable, una parte de sus raíces: su identidad ancestral y sus manifestaciones, además de servir de punto de encuentro y conservación para innumerables materiales y colecciones que, sino, podrían desaparecer o correr una suerte incierta.
Sin embargo, y sin desmerecer el valor de lo expuesto en el Museo, su principal atractivo es el propio edificio, especialmente la famosa escalera helicoidal triple del arquitecto gallego Domingo de Andrade (1639-1712), introductor del barroco en Galicia, una obra de gran virtuosismo, que sigue impresionando por su modernidad y por su audacia, pues desde un mismo hueco de escalera conduce, mediante rampas distintas, a los diferentes pisos del monasterio; además, ante el efecto óptico conseguido desde la base de la escalera, los visitantes creen estar dentro de uno de los espacios paradójicos creados por el holandés M.C. Escher.

http://museodopobo.gal/web/index.php

sábado, 16 de mayo de 2015

Museo Alvar Aalto de Jyväskylä (Finlandia)

Finlandia como estado es una nación jovencísima. Tras su independencia del Imperio Ruso durante la I Guerra Mundial y la definición de sus fronteras durante la II Guerra Mundial (con la pérdida dolorosa de una parte de la Carelia histórica), la nueva nación tuvo que reinventarse como estado y también tuvo que recuperar una identidad nacional basada en un idioma propio y en la convivencia con el resto de nacionalidades nórdicas; además tuvo que modernizar sus infraestructuras y "ocupar" las despobladas llanuras centrales del país, entre bosques y lagos, y crear nuevas ciudades. Dentro de ese contexto nace Alvar Aalto, una de las personalidades más fascinantes de la Finlandia moderna, arquitecto y diseñador, visionario del espacio humanizado y de la renovación arquitectónica, que consiguió no solo superar los modelos del llamado clasicismo nórdico (basada en la recuperación del clásicos grecolatinos), así como de la arquitectura tradicional finlandesa (en madera), imponiendo una arquitectura moderna y funcional, que aprovechaba el carácter de los materiales de construcción empleados, sino que llegó a alcanzar la categoría de arquitecto internacional, a la vanguardia, junto a la Bauhaus, Le Corbusier, Sert o Lloyd Wrigth, de la modernidad arquitectónica mundial.
La figura de Aalto está ligada a la pequeña ciudad de Jyväskylä pues allí pasó parte de su adolescencia y juventud y fundó su primer estudio (1923). Por ello la ciudad se ha convertido en la principal sede del Museo Alvar Aalto (que cuenta con otros espacios en otras ciudades, como su casa y su estudio en Helsinki) y atrae a interesados por la arquitectura moderna de todas las partes del mundo. El Museo está compuesto por una gran sala de exposiciones y un auditorio. En la gran sala de exposición el visitante puede hacer un amplio recorrido por toda la obra de Aalto, con fotografías y maquetas de sus edificios, reproducciones de algunos de sus diseños para sillas y otros muebles, y también un recorrido por su vida privada. Además, la sala cuenta con la reproducción de los paneles en madera que creaban el espacio interior del pabellón finlandés de la exposición universal de Nueva York de 1939, diseñado por él. Todo el conjunto nos muestra la multitud de facetas de la vida y obra del arquitecto, así como su fuerte personalidad, preocupaciones e ideario artístico.
Por último, cerca de Jyväskylä se puede admirar alguna de sus obras más conocidas, como el ayuntamiento de Säynätsalo (1952), un edificio elevado, en ladrillos rojos vistos, que crea un claustro abierto, un espacio de encuentro cívico funcional, bello y acogedor.

http://www.alvaraalto.fi/index_en.htm

viernes, 13 de febrero de 2015

Museo de Historia de Barcelona

La mayor parte de los cientos de miles de turistas que recorren cada día el Barrio Gótico de Barcelona desconocen que están pisando los orígenes de una ciudad con más de 2000 años de historia; pues bajos sus pies, bajo el nivel actual del Barrio, se encuentran los restos de la ciudad romana. Además, desconocen que se pueden visitar a través del Museo de Historia de Barcelona (MUHBA), cuya entrada se encuentra en el casa Padellàs, junto a la monumental Plaza del Rei. La metrópolis mediterránea que es hoy Barcelona fue un poblado íbero, de la tribu de los layetanos, cuando los romanos entraron a dominar la Península Ibérica. En época del emperador Octavio Augusto pasó a ser colonia romana bajo la denominación Colonia Iulia Augusta Paterna Faventia Barcino, como lo atestigua una estela de época romana que hoy se conserva en el MUHBA dando, justamente, la bienvenida a los visitantes que quieren viajar en el tiempo y descender hasta la época romano de la ciudad gracias a un moderno ascensor. De esta manera, podemos recorrer el subsuelo, sobre unas pasarelas metálicas, para ver no solo los restos antiguos, especialmente de época romana y visigótica, sino también admirar las primera murallas que rodearon la ciudad antigua, así como la calzada de las calles, las canalizaciones de agua, los silos, y el interior de alguna de las viviendas con suelo de mosaico, así como los restos de las primeras comunidades cristianas establecidas en la ciudad. También podremos ver objetos de la vida cotidiana de la ciudad romana y bajo medieval. Por otro lado, el Museo tiene otras sedes donde se pueden visitar otros restos antiguos, como la vía sepulcral de la Plaza Villa de Madrid, el Templo de Augusto (en el interior de la sede del Centre Excursionista de Catalunya), o mordernos, como el refugio antiaéreo 307 de la Guerra Cívil en Poble Sec. La experiencia de recorrer los vestigios romanos de la ciudad, ocultos hasta principios del siglo XX, resulta muy curioso y nos conecta con el origen mediterráneo y cosmopolita que tiene la capital catalana.


miércoles, 5 de noviembre de 2014

La Secession de Viena

La actual capital de Austria fue, en su día, capital de un impresionante imperio que dominó media Europa: un conglomerado de pueblos, naciones, idiomas, costumbres, etnias y religiones que acabó estallando en mil pedazo al finalizar la Gran Guerra. Aquel desmoronamiento, aunque repentino, fue el resultado de un lento proceso de cambios fruto de la reorganización de los poderes en la Europa de finales del siglo XIX y principios del XX. En aquellos años de crisis institucionales y socioeconómicas, numerosos movimientos artísticos vinieron a socavar también el clasicismo predominante en la Viena imperial. Uno de ellos fue el movimiento artístico llamado la Secession de Viena, que podemos englobar en el movimiento Art Noveau o Modernismo, más amplío y paneuropeo, que pondría la arquitectura y las artes decorativas en el epicentro de una revolución estética.
La Asociación de Artistas Visuales de Viena, formada por un puñado de artistas vieneses (entre los que se encontraban Anton Stark, Gustav Klimt, Kolo Moser, Adolf Böhm, Maximilian Lenz, Ernst Stöhr, Wilhelm List, Emil Orlik, Maximilian Kurzweil, Leopold Stolba, Carl Moll, Rudolf Bacher, etc.) fundó en 1897 la Secession con el fin de dar el protagonismo necesario a las vanguardias artísticas. Y, para contar con su propia galería de arte, encargaron la realización de un edificio al joven arquitecto J. M. Olbrich (miembro en aquel momento del taller de Otto Wagner) quien diseñó, a tal efecto, precisamente el llamado Pabellón de la Secession. Tras superar las dificultades impuestas por el ayuntamiento, el edificio se pudo inaugurar en 1898 en la Friedrichstrasse, junto a la Karlsplatz, como edificio provisional para exposiciones artísticas. Por otro lado, la financiación de la construcción del pabellón contó, además de las aportaciones de los propios artistas, con el apoyo de algunos grandes industriales ilustrados que apostaban por la renovación artística, como Karl Wittgenstein (padre del filósofo Ludwig Wittgenstein).
Desde el primer momento, el Pabellón de la Secession se convirtió en un edificio icónico de Viena y del Art Noveau (llamado Jugendstil en alemán) en general, por su gran singularidad, que combina la sencillez formal con la decoración estilizada, destacando la cúpula esférica de bronce, a modo de hojarasca.
El Pabellón ha estado dedicado a la realización exposiciones temporales de arte de vanguardia y contemporáneo desde su fundación hasta la actualidad. Para la 14ª exposición de la Secession, Gustav Klimt (1862-1918) pintó el famoso Friso de Bethoveen (1902) directamente en las paredes del Pabellón. Después de muchas vicisitudes (recordemos únicamente que la pintura debía ser destruida tras la exposición o que el Pabellón quedó reducido a ruinas al finalizar la II Guerra Mundial) se pudo recuperar y volver a exhibir a partir de 1986. En la actualidad se expone en una sala realizada ex profeso, y una tarima convenientemente instalada permite a los visitantes subir hasta la altura de las pinturas para contemplarlas de cerca. El Friso causó una gran sensación en su época, incluso una parte del público lo tachó de incomprensible y obsceno; pero la maravillosa originalidad del Klimt quedó reflejado tanto en la expresividad de los motivos decorativos empleados como en la corporeidad de las figuras humanas, donde los simbolismos -habituales en las pinturas de genio austriaco- forman imágenes evocadoras de gran fuerza poética.
De esta manera, la visita al Pabellón de la Secession nos depara no solo un viaje a la Viena que se estaba reinventado y renovando artísticamente en el momento finisecular, sino también nos permite ver de cerca una de las grandes obras de Klimt, así como asistir a las exposiciones temporales que allí se siguen realizando.

http://www.secession.at/

lunes, 8 de septiembre de 2014

El Museo Sefardí de Toledo

En la actualidad, la mayor parte de los museos que se crean buscan edificios singulares, normalmente de nueva construcción para mayor lucimiento de los arquitectos contemporáneos. Sin embargo, tenemos numerosos ejemplos de museos que han aprovechado edificios existentes que, por su naturaleza, historia o situación, resultan idóneos para crear o recrear icónicamente la idiosincrasia de algunas ciudades. Es el caso del extraordinario Museo Sefardí de Toledo, ubicado en la Sinagoga del Tránsito.
Numerosas ciudades y pueblos, desde Gerona a Hervás (Cáceres), desde Belmonte (Castelo Branco) a Córdoba, muestran la intensidad y la importancia del legado de los judíos en la Península Ibérica hasta su expulsión de España (1492) y de Portugal (1496). Sin embargo, Toledo ha conseguido ser justamente identificada como la ciudad de las tres culturas (cristiana, judía y musulmana) gracias a la recuperación y conservación no solo de la memoria, sino también del legado material y arquitectónico de las comunidades que convivieron en la actual capital de Castilla la Mancha hasta el siglo XV. La sinagoga del Tránsito se llama así porque tras la expulsión de los judíos y la confiscación de sus bienes fue convertida en la iglesia de la Virgen del Tránsito, y es un edificio realmente singular por ser una de las pocas sinagogas antiguas que se conservan prácticamente intactas en España.
El Museo Sefardí se fundó en 1964, aunque no sería hasta 1971, tras muchas vicisitudes, cuando se inauguraría. Tras siglos de ignominia y fomento de la ignorancia y la mentira por parte del Estado y de la Iglesia Católica, era de justicia que España reconociera el legado de los judíos. El Museo Sefardí cumple esa noble e insoslayable función. Por una parte el Museo nos permite entrar en el interior de la antigua Sinagoga de Samuel Leví (su fundador, tesorero y consejero de Pedro I de Castilla) del siglo XIV; especialmente en la gran nave central podemos admirar diferentes ejemplos de arte mudéjar, tanto en la decoración con estuco de los muros y en las celosías de las ventanas, como en el magnífico artesonado del techo a cuatro vertientes. La parte museística se sitúa tanto en salas aparte como en el patio de la sinagoga y recoge una infinidad de objetos, inscripciones, laudas sepulcrales, textos, etc. procedentes de diferentes juderías españolas. Por un lado encontramos todo lo referentes a la liturgia, ceremonias y fiestas judías, lo que nos permite profundizar en las creencias de los judíos españoles; y, por otro lado, podemos observar algunas aspectos de su vida privada y cotidiana, con referencias a oficios, viviendas, cocina, lápidas sepulcrales, ajuares matrimoniales, etc.
En definitiva, el Museo Sefardí de Toledo permite recuperar y mantener viva una parte de la memoria etnográfica y cultural de nuestro país. Más allá de que podamos considerar la expulsión de los judíos un error histórico de magnitudes incalculables (cultural, económica e ideológicamente) para las naciones ibéricas, debemos seguir lamentado el inmenso sufrimiento que se causó a miles de españoles (como un par de siglos después ocurriría con los moriscos) que tuvieron que convertirse al cristianismo -bajo coacción- o abandonar sus casas, sus tierras, sus bienes, su país.

http://museosefardi.mcu.es/

martes, 5 de agosto de 2014

Museo Nacional Etrusco Villa Giulia de Roma

La Ciudad Eterna es, sin duda, el mejor museo del mundo al aire libre, pero también cuenta con una magnífico rosario de museos de todo tipo donde refugiarse, por ejemplo, de las inclemencias estivales de la capital italiana. La Historia y el Arte del antiguo pueblo etrusco (que pobló la actual Toscana, parte del Lacio y de otras regiones italianas, durante la llamada Edad del Hierro, y que fueron predecesores de los romanos en muchos aspectos) tiene en el Museo Nazionale Etrusco di Villa Giulia de Roma un lugar excepcional para su conocimiento.
El museo es excepcional también por el edificio en el que se encuentra, pues la Villa Giulia se construyó bajo el papado de Julio III (1550 - 1555) y es un ejemplo perfecto de una villa renacentista. Se trata de una villa residencial en la que destacaba el jardín, que combina terrazas, escalinatas, fuentes, esculturas, etc. creando una escenografía que evoca la antigüedad clásica idealizada, donde sobresalía el ninfeo, con una exquisita decoración, que se alimentaba de las aguas de un acueducto subterráneo que históricamente había llevado agua a Roma. En el diseño y la construcción de la Villa Giulia participaron los más grandes arquitectos y artistas de la época: Giorgio Vasari, Jacopo Barozzi da Vignola, Bartolomeo Ammannati, etc.
A finales del siglo XIX la Villa Giulia fue convertida en un museo para la realización de exposiciones con el material arqueológico encontrado en diferentes yacimientos de la región romana. El museo fue evolucionando con el tiempo hasta convertirse en la sede permanente del Museo Nazionale Etrusco. Cuenta en la actualidad con una extensa colección de obras de cerámica, bronce, epigrafía, escultura, expuestos por yacimientos o zonas de procedencia (Vulci, Cerveteri, Tarquinia, etc.) donde podremos admirar la maestría artesanal y artística de los antiguos etruscos, haciendo hincapié en sus sorprendentes ritos funerarios, uno de los aspectos que más han atraído al público en general hacia dicho pueblo de la antigüedad. En el museo, además, se encuentran algunas de las obras maestras que su cultura material nos ha legado y que se han convertido en sus símbolos iconográficos, como el famosísimo sarcófago de los esposos de Cerveteri (Siglo VI a. C.) o la estatua de Apolo de Veio, de terracota policromada (siglo VI a. C.).
En definitiva, el Museo Nazionale Etrusco di Villa Giulia nos depara un recorrido arquitectónico, artístico e histórico de gran interés. Por añadidura, cabe decir que al estar situado a cierta distancia del centro de Roma, se puedo disfrutar de la visita sin las aglomeraciones de turistas que asolan la Urbe.

http://www.villagiulia.beniculturali.it/