Un viaje al rededor de los museos

Museos pequeños, museos con encanto, museos poco conocidos, museos y/o fundaciones de mis artistas o arquitectos favoritos, museos que he tenido el gusto de visitar y que, por diferentes razones, merecerían volver a ser visitados.

Todos los textos y fotos de este blog son autoría y propiedad de Agustín Calvo Galán. Si quieres citarlos o usar las fotos, puedes hacerlo; pero, por favor, indica la procedencia y la autoría. Gracias.

sábado, 6 de marzo de 2021

Museo Louisiana de Arte Moderno (Humlebæk, Dinamarca)


Desde Copenhague es fácil llegar al Museo Louisiana: se encuentra al norte de la capital danesa, en la pequeña localidad de Humlebæk, en un enclave junto al mar. Se puede ir en autobús, en tren o en coche particular. Nosotros nos decidimos por el tren. En las taquillas de la estación central de Copenhague se pueden comprar pases que incluyen  el viaje en tren ida y vuelta y la entrada al Museo. Así lo hacemos nosotros. La mañana es típicamente nórdica, fría y gris, invernal, es un día ideal para visitar un museo. Desde el tren vamos viendo cómo nos alejamos de la ciudad y nos adentramos en un ambiente más rural, atravesando pequeñas poblaciones y campos de cultivo. El trayecto es corto. 

El Museo fue creado por el empresario y coleccionista de arte Knud W. Jensen en 1958. Desde un principio pensó en un espacio para dar a conocer a artistas daneses, pero enseguida tuvo la feliz idea de que tenía que ser dentro de espacio museístico o una institución que ofreciera el mejor arte contemporáneo del mundo para el publico danés.

Cuando nos bajamos, es fácil encontrar nuestro destino: solo tenemos que seguir la pequeña hilera que forma la gente que acaba de bajar junto a nosotros del tren y que, en su gran mayoría, también van al Museo. Enseguida llegamos a lo que parece el jardín de una casa particular. Es la entrada, las mismas personas que han bajado del tren, y con las que hemos recorrido las calles de Humlebæk casi en fila india, ahora formamos una cola frente a esta casa. Veo entonces que la exposición temporal que podremos ver es de la artistas japonesa de Yayoi Kusama. Entre los setos del jardín, unas enormes calabazas de cerámica lucen topos y colores llamativos, es el preámbulo a lo que veremos dentro. Tras acceder al interior, podemos comenzar a ver la exposición de Kusama. Pasamos de sorpresa en sorpresa por habituaciones repletas de espejos, de topos, de pósits en los que cada cual puede escribir lo que quiera. La imaginación de esta artistas octogenaria es desbordante y muy lúdica. 

A continuación nos dirigimos a otras salas interiores y a las galerías con grandes cristaleras para ver la exposición permanente. Desde aquí ya se puede ver el exterior, especialmente el mar gris y perlado típicamente invernal. La colección del Louisiana está formada por pintura y esculturas, la mayor parte de ellas piezas de gran importancia de los grandes artistas del siglo XX. Sobresale los Bacon, Picabia, Picasso en pintura, y en escultura sobrecoge la belleza de la sala dedicada a los caminantes de Giacometti, con una gran ventana por la que se ve un jardín exuberante como telón de fondo. En otra gran sala nos topamos con "El semicírculo" de Juan Muñoz, grupo escultórico formado por una serie de figuras en forma de sonrientes hombres orientales monocromáticos a tamaño natural, entre las que podemos pasearnos. 

Ya en la parte exterior, ajardinada en diferentes terrazas sobre el mar, podemos apreciar el desarrollo arquitectónico de todo el Museo: desde una casa tradicional se ramifican las diferentes galerías en una especie de brazos o laberinto acristalado. Afuera nos encontramos las esculturas de Jean Arp, Dubuffet y Richard Serra; o los gigantescos móviles de Calder, estos crean un dramático contraste con colores llamativos y movimiento en medio de la naturaleza pausada e invernal que nos rodea. A pesar del frío, el exterior nos atrae más que los espacios interiores, repletos de visitantes.

Había leído en algún artículo que este museo, por su situación, era el más bonito del mundo. No me atrevería a decir tanto, pero sí que es uno de los más bonitos en su sabia combinación de arte, arquitectura y naturaleza.

https://louisiana.dk/en/


sábado, 2 de enero de 2021

Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (Santander)

El Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (MUPAC) se encuentra debajo de un mercado, en el centro mismo de Santander. Nos informan de ello en la oficina de turismo que se encuentra junto a la entrada principal del mercado, pues después de dar varias vueltas no encontramos la entrada al museo. Una señora muy amablemente nos señala el suelo: el museo está aquí debajo, nos dice, y la entrada está muy cerca, en la calle lateral del mercado. Hacia allí nos dirigimos. Efectivamente, unas gran escalinata interior nos hace descender hacia la institución museística. Así nos da la bienvenida esta institución al inframundo de la arqueología.

La península ibérica es un lugar rico en yacimientos arqueológicos de todo tipo, desde la prehistoria más antigua (como los de Atapuerca), pasando por los periodos paleolíticos y neolíticos, las primeras grandes culturas de la edad del bronce y el hierro, llegando a los íberos, los celtas, los fenicios y, por supuesto, los romanos, también la edad media y moderna e, incluso, si estiramos aún más la definición de arqueología podemos incluir la industrialización y su estudio material entre sus cometidos. La comunidad autónoma que hoy llamamos Cantabria, y que hasta hace no mucho era la provincia de Santander que se incluía en la región de Castilla La Vieja, es rica en casi todos esos periodos. Pero significativamente lleva el nombre del pueblo de la antigüedad que más resistió a la romanización: los cántabros.

En este museo encontramos numerosos testimonios materiales de aquel pueblo del que se se sabe más bien poco. Aquí vemos estelas circulares, grandes piedras con símbolos solares, una reproducción de su hábitat, con una choza, materiales de la vida cotidiana como calderos, etc. 

Sin embargo, actualmente lo más conocido de estas tierras cántabras son sus famosísimas cuevas prehistóricos con pinturas. En este museo se conservar algunas de las herramientas encontradas en ellas, como puntas de flecha o hachas de piedra, así como reproducciones de algunas pinturas de cuevas como las del monte El Castillo.

El museo también cuenta con exposiciones temporales. Nosotros nos encontramos una exposición sobre el arte rupestre al aire libre encontrado en el valle del río Côa en el norte de Portugal, ampliamente divulgadas por la situación inaudita que sufrieron cuando el gobierno portugués quiso construir una presa de agua que las hacía peligrar. En grandes paneles se pueden ver fotos, explicaciones y mapas. Para mi sorpresa, estos grabados se comparan con otros encontrados al otro lado de la Raya, especialmente en la provincia de Zamora, que son poco conocidos. La prehistoria también sirve para ejemplarizar la artificialidad de las fronteras políticas.

https://www.museosdecantabria.es/museo-de-prehistoria-y-arqueologia/visitar/situacion

lunes, 7 de diciembre de 2020

Museo Nacional de Tokio (Japón)

 


Amanece en Tokio con el cielo muy oscuro. En días de lluvia lo mejor es refugiarse en algún museo que nos proporcione un techo y actividad durante varias horas. Salimos del hotel convenientemente equipados con chubasquero y paraguas, y nos dirigimos a coger un tren de la línea Yamanote que nos acerque al parque Ueno. La lluvia no cesa cuando llegamos y vamos a paso firme directos al Museo Nacional de Tokio: una gran institución museística que nos dará cobijo en este día de aguaceros otoñales. No parece que haya mucha gente comprando la entrada para acceder a su interior. Para nuestra suerte, no a todos los turistas les gusta visitar museos, ni siquiera cuando diluvia.

Entramos en el edificio principal, que data de los años treinta del pasado siglo y tiene un aire ciertamente art déco, aunque los tejados son de estilo tradicional japonés, a cuatro aguas. Lo recorremos pasando por las diferentes salas y galerías. Aquí hay desde espadas y armaduras de samuráis hasta kimonos bellísimos; también vemos piezas encontradas en yacimientos prehistóricos, como una impresionante estatuilla de cerámica del período llamado Jomon, con unos ojos gigantes: se trata de una figura femenina de anchas caderas y cintura de avispa Venus ancestral hermanada con tantas otras, como la encontrada en Willendorf (Austria), mundialmente famosa porque los adalides del esoterismo galáctico internacional quieren ver en ella a un extraterrestre y no a un ser humano, y es que unos ojos inmensos en un figurilla tan pequeña le proporcionan, efectivamente, un aspecto algo raro. Otra de las artesanías que más llaman nuestra atención son las máscaras de teatro Noh, algunas del siglo XVIII, así como algunas piezas de porcelana de lo más refinadas.

También se pueden admirar paneles o biombos pintados al más puro estilo japonés. Algunas de las piezas más antiguas son paneles provenientes de China, decorados con una caligrafía de trazos muy expresivos. Al fin, encontramos una sala dedicada a la pintura japonesa de época más moderna, donde destacan las pinturas de Hokusai de tipo Ukiyo-e, que nos reconfortan y atraen poderosamente; aunque también hay lienzos de artistas contemporáneos con una evidente influencia occidental junto a los que pasamos corriendo.

Al lado del edificio principal se sitúa otro dedicado al arte oriental en general. En este encontramos una gran cantidad de estatuas budistas provenientes de toda Asia y de diferentes épocas, así como delicada porcelana china de diferentes épocas. En otra de las salas nos topamos con talismanes y objetos de adivinación, un tema que a los japoneses parece que les encanta: son muy aficionados a todo tipo de futurología, y lo más curioso de todo, al menos para nosotros, es que en muchos casos está ligada a la religión.

Antes de salir del Museo, visitamos su tienda y me compro un par de libros en inglés, uno de arte japonés y otro de estatuaria budista: me gustaría tener una idea más clara sobre la proliferación de diferentes tipos de estatuas de Buda y de bodhitsattvas que nos hemos encontrado recorriendo Japón. Demoramos nuestra salida, afuera sigue lloviendo con más intensidad si cabe. 

https://www.tnm.jp 

domingo, 8 de noviembre de 2020

Museo de Altamira (Santillana del Mar, Cantabria)


Tras visitar las cuevas del monte Castillo en Puente Viesgo  nos dirigimos a Santillana del Mar para visitar la cueva de Altamira. Bueno, la cueva en sí no, porque desde hace varias décadas es muy difícil poder entrar en ella; al parecer hay lista de espera de años, pues para su conservación se ha limitado mucho el número de visitantes. Lo que sí se puede visitar es el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, inaugurado en el 2001, en el que se ha hecho una reproducción, llamada neocueva, de la sala de los polícromos. Cuando llegamos, nos informan de las limitaciones debido a la covid'19: además de las limitaciones de aforo, las visitas al museo y a la neocueva han de ser con cita previa, así que nos dan unas entradas para dentro de dos horas. No está mal teniendo en cuenta que no habíamos reservado con anticipación. Aprovechamos el tiempo que falta para visitar la turistizada y pétrea Santillana del Mar. 
Volvemos a Altarmira antes de la hora indicada. El museo se encuentra muy cerca de la entrada a la cueva y se puede dar un paseo por las laderas ajardinadas. Nos acercamos así al acceso original: solo se ve una reja y una puerta detrás. Los visitantes lo vemos desde lejos, tras unas vallas; a mí me recuerda al iconostasio de las iglesias ortodoxas, adentro, a la parte sagrada, solo pueden acceder los iniciados. Muy cerca hay un monumento dedicado a los descubridores de las pinturas: Marcelino Sanz de Sautuola y especialmente su hija María, que siendo una niña fue quien se percató de la existencia de las pinturas por primera vez en época moderna, y dejó para la historia la frase: "mira papá, bueyes". 
Volvemos a la entrada del museo, obra ¿cómo no? de Juan Navarro Baldeweg, que arquitectónicamente no sobresale por nada en especial: es bastante grande pero se distribuye siguiendo la ladera de una colina en varios edificios a la manera de terrazas. En el interior del museo se puede hacer un recorrido muy didáctico por el estudio de la prehistoria: la formación geológica de las cuevas del norte de España, su conexión con otras grutas francesas, el hábitat prehistórico, las técnicas de pintura de los habitantes antiguos, etc. Hay toda una sala dedicada a Sanz de Sautuola y su hija. Se ha reproducido el despacho de don Marcelino. Me fijo en un ejemplar del opúsculo "Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander", cuya publicación en 1880 desencadenó un escándalo considerable y la negación, por parte de los darwinistas españoles y de alguna eminencia francesa en la materia, de que las pinturas de Altamira fuera realmente antiguas. 
Mientras esperamos para ver la neocueva, porque para esto también tenemos una hora asignada, vemos entrar a un grupo de personas junto a un cura joven. Va vestido de negro con alzacuellos, a la manera tradicional. Hacia mucho que no veíamos un cura vestido de esa manera, ahora se camuflan todos vistiéndose como seglares. Descansamos un rato junto a la gran puerta corrediza que una guía del museo abre para ir dejando entrar a los visitantes en esta parte del museo. Accedemos por fin con gran expectación. Pero la decepción llega enseguida, tras descender por una pasarlas en zigzag y acceder a la reproducción de la sala de los polícromos. Efectivamente, ahí están los búfalos reproducidos en el techo, pero no solo no tenemos la sensación de estar en ninguna cueva, sino que la copia de las pinturas ni siquiera nos parece buena, son pinturas sobre yeso o algún material parecido y la textura les da una apariencia de inacabadas. No soy experto en la materia, pero me atrevo a decir esto después de ver otros pinturas prehistóricas en cuevas de Francia y España y, sobre todo, tras contemplar reproducciones fotográficas de calidad en diferentes libros sobre Altamira.
Resulta evidente que los antiguos tenían maestría, y que los reproductores modernos han carecido de ella. Esta neocueva resulta ser un triste sucedáneo para todos los que nunca podremos ver el techo original de la sala de los polícromos. Salimos del museo recordando las pequeñas pinturas que habíamos visto en las cuevas del monte Castillo, apreciamos ahora más su delicadeza natural y evanescente, y su rotundo realismo.

http://www.culturaydeporte.gob.es/mnaltamira/home.html


lunes, 5 de octubre de 2020

Centro Botín (Santander)


Una nave espacial ha aterrizado en los Jardines de Pereda de Santander, justo delante de la antigua sede del Banco de Santander. Su perfil aerodinámico es imponente, y contrasta con el clasicismo gris de la ciudad que tiene detrás. Pero no, en realidad no es ninguna nave venida de otros mundos, sino el flamante Centro Botín, inaugurado en el 2017, obra del ínclito arquitecto italiano Renzo Piano. El edificio está compuesto por dos cuerpos que se elevan del suelo por unas columnas ligeras, lo que produce la impresión de que en cualquier momento va a salir volando. Entre ambos edificios, una estructura metálica exterior, con ascensores y las escaleras de entrada, los une. Subimos por estas escaleras, después de comprobar que desde la planta baja, donde se ubica una librería y una cafetería, no se puede acceder a las plantas superiores. En la taquilla preguntamos si los clientes del Banco de Santander (ahora llamado Santander a secas, como la ciudad misma, solo que en masculino) tenemos algún descuento, pero no. Está claro que la fundación propietaria de este centro quiere distanciarse en todo del banco fundado por la familia Botín, en eso no se parece a la fundación La Caixa, en la que el negocio bancario y la obra social van unidos.

En la taquilla nos informan de las dos exposiciones que podemos visitar. La primera es de retratos: se trata de una selección de obras pertenecientes a la Fundación Botín que recorre brevemente la historia del retrato con obras de grandes pintores del siglo XX. Y digo brevemente porque esta exposición está compuesta solo por un puñado de cuadros. Es cierto que son excepcionales, pero el recorrido se nos hace corto. Aquí encontramos, nada más y nada menos que, femme espagnole (1917) de Henri Matisse; Self Portrait with injured eye (1972) de Francis Bacon; Arlequín (1918) de Juan Gris; Al baño. Valencia (1908) de Joaquín Sorolla; Mujer de rojo (1931) de Daniel Vázquez Díaz; Figura de medio cuerpo (1907) de Isidre Nonell; El constructor de caretas (1944) de José Gutiérrez Solana y Retrato de mi madre (1942) de Pancho Cossío. Nos paramos especialmente en las obras de Sorolla y, la pequeña pero llamativa, como siempre, de Bacon; entre ambas el siglo XX lo cambió casi todo de una manera muy dramática.

La segunda exposición está formada por una serie de instalaciones del artista albanés Anri Sala titulada As you go (Châteaux en Espagne). Nos deja muy impresionados una en concreto: en una gran sala se proyectan, en grandes pantallas (algunas móviles),interpretaciones musicales: unas manos tocan las teclas de un piano, a veces las manos desaparecen y el piano sigue sonando, otras los movimientos de los dedos no se corresponden con las notas que están sonando. Nos quedamos un buen rato viéndola. La instalación es espectacular, primero la observamos con distancia y respeto, después comprobamos que se nos permite meternos entre las pantallas, formar sobras sobre ellas: somos dos perfiles entre la música. Nos agrada el juego que se crea. Desde aquí también accedemos a los inmensos ventanales que dan al mar o a la ciudad, en los flancos del edificio-nave. En estas grandes salas se han colocado instalaciones más pequeñas, creando un contraste importante entre contenido y contenedor, como una pequeña caja de música, un espejo que nos refleja deformados, etc. 

Salimos del Centro Botín con la sensación de haber visitado dos exposición sumamente interesantes, aunque el edificio en sí nos ha resultado algo grandilocuente para lo que realmente contiene. 

https://www.centrobotin.org/

martes, 15 de septiembre de 2020

Museo de la Evolución Humana (Burgos)

Llegamos a Burgos por la tarde y lo primero que queremos hacer es visitar el Museo de la Evolución Humana. La entrada, en la fachada principal, se encuentra a una cierta altura, desde aquí se ven muy cerca las torres de la catedral, al otro lado de la arboleda y del río Arlanzón. El Museo resulta ser un complejo nuevo e imponente, formado por tres edificios: el del medio es el museo propiamente dicho, en un extremo hay un auditorio o palacio de congresos y al otro hay otro edificio que no sabemos qué función tiene. La primera vez que visité la ciudad, allá por los años noventa del pasado siglo este museo no existía; se inauguró en el 2010, así que es una construcción de reciente creación, aunque con un trasfondo muy antiguo, no solo por la materia sobre la que trata, sino también porque esta institución es el testimonio más elocuente de la importancia de los trabajos de excavación que durante décadas se han llevado a cabo muy cerca de aquí, en la sierra de Atapuerca. 

El proyecto es obra del arquitecto Juan Navarro Baldeweg, y resalta por la estructura metálica pintada de un rojo llamativo y que recubre el edificio por el exterior, salvo en la fachada principal, formando grandes X, cuyas líneas se cruzan creando una celosía gigante. Se me antoja que es una forma de nombrar o proteger o preservar los siglos o el paso del tiempo desde la prehistoria hasta nuestros días. Debajo de la estructura metálica, las fachas de vidrio permiten ver el interior hueco del museo. 

Entramos y nos impresiona el gran espacio vacío de varios pisos de altura que nos da la bienvenida. En la venta de entradas nos informan de que, a causa de las restricciones impuestas por la covid'19, algunas partes e instalaciones están cerradas al público. No obstante, lo más importante o lo más significativo sí que se puede ver: se encuentra en el piso -1 y se trata de los hallazgos fósiles y materiales originales encontrados en los yacimientos de Atapuerca. Se exponen en el interior de unos habitáculos rectangulares, en los que la luz se ha atenuado, las paredes interiores son negras y únicamente se iluminan las piezas prehistóricas, contenidas en amplias vitrinas; de esta manera, sentimos que entramos en un espacio casi religioso, un sancta sanctorum aislado del exterior y que contrasta con la luminosidad blanca del resto del museo. Aquí nuestra atención se dirige inmediatamente a los trozos de mandíbula, las piezas de piedra (como puntas de flecha o hachas), así como otros huesos como fémures encontrados en la sierra de Atapuerca, a solo 15 km. de la ciudad. En algunos se ha colocado una lupa para que podamos observar algún detalle aumentado, en concreto una serie de rastros de raspados que indicarían que estos homínidos practicaban el canibalismo. 

Pero, efectivamente, esta magna institución no se centra únicamente en lo hallado en Atapuerca, sino que quiere abarcar mucho más: pretende dedicarse a la toda la historia de la evolución humana, un campo del estudio multidisciplinar en el que se han implicado varias ciencias: desde la prehistoria y la geología, pasando por la paleontología, la arqueología y hasta la historia del arte. La museografía entorno a esta materia me parece algo compleja, no solo por la cantidad de yacimientos e informaciones que se han de manejar, sino también porque cada nuevo descubrimiento viene a modificar las líneas de evolución que se habían trazado anteriormente.

Al final de la planta subterráneo encontramos una exposición sobre el descubrimiento de los sitios arqueológicos de Atapuerca, con esquemas de los mismo y numerosas fotografías, especialmente de los especialistas en las diferentes materias que han participado en las excavaciones. Alguno de ellos se ha convertido en auténticas celebrities como Eduald Carbonell, José Luis Arsuaga o José María Bermúdez de Castro, quienes no solo han dirigido las excavaciones desde hace más de treinta años, sino que se han dedicado en cuerpo y alma a la divulgación de los hallazgos. No obstante, también se resalta la figura del anterior director de las excavaciones: Emilio Aguirre. Por otro lado, se explica que Atapuerca se descubrió por pura casualidad, tal y como ha ocurrido en numerosas ocasiones en este tipo de yacimientos: la construcción de un trenecito minero a finales del siglo XIX propicio que se abriera una profunda y amplia zanja, llamada trinchera del ferrocarril, en medio de la sierra. Ahí se destruyeron partes del terreno, pero empezaron a aparecer las entradas a antiguas cuevas y simas, así como los primeros fósiles

En las plantas superiores, grandes balcones al final del edificio, podemos observar una serie de espacios dedicados a temas tan variados como la expedición de Darwin en el Beagle que le llevó a concretar su teoría de la evolución, diferentes fósiles animales, así como también reproducciones realistas y puestas en pie de homínidos de diversas épocas, desde el autrolopiteco, pasando por, evidentemente, el homo antecesor, el neanderthal, hasta llegar al homo sapiens; todos nos miran de frente y, a pesar del esfuerzo evidente de sus creadores por conseguir una apariencia de realismo y de movimiento, me parecer meros muñecos como los que hay en los museos de cera. Efectivamente, aquí algunas partes interactivas, con pantallas táctiles han sido clausuradas. Nos detenemos en el apartado dedicado al arte prehistórico, donde en grandes pantallas van proyectándose pinturas rupestres como las del Altamira y Lascaux y otras piezas muy conocidas, como las figurillas de venus halladas en diferentes lugares del mundo. Nos sentamos en unos bancos que son, a la vez, altavoces, desde los que se puede seguir una explicación de lo que estamos viendo. 

Desde la planta superior, (donde se encuentra la librería, curiosamente muy lejos de la salida, como queriendo evitar lo que sucede en la mayor parte de los museos, que el visitante tenga la sensación de que tiene que comprar algo antes de salir), vemos el interior vacío del edificio desde arriba y se nos antoja una espacio espectacular, aunque demasiado grande para lo que hay aquí contenido. Eso sí, concluimos que la función didáctica el museo la cumple perfectamente. Salimos y ya está anocheciendo, vamos hacia el centro guiados por las torres de la catedral.

https://www.museoevolucionhumana.com/