Llueve a mares cuando llegamos a Sitges. Hemos venido a visitar esta localidad costera con Paola, amiga y profesora de literatura española en la Universidad de Bari (Italia). La imagen icónica de esta población, el paseo marítimo y la iglesia, surge ante nosotros sumida en un mundo acuoso, de una manera conmovedora. Además, nos sorprende ver como la tormenta ha dejado las playas reducidas a la mínima expresión. Nos dirigimos a paso firme al llamado Racó de la calma, donde se ubica el Museo, para visitarlo y también ponernos a cubierto. Mientras tanto, le voy explicando a Paola que hace unos años aquí habían dos museos juntos: el Cau Ferrat y el Mar i Cel. Ahora, con muy buen criterio, se han unificado bajo el nombre de Museu de Maricel. El origen del Cau Ferrat fue la adquisición en 1893 de una casa de pescadores por parte del insigne pintor y escritor Santiago Rusiñol, para, a continuación, tirarla y construir lo que sería su taller. Aquí pintaba y almacenaba obras de arte propias o adquiridas; y a este lugar acudían habitualmente sus amigos, los artistas más insignes de la Barcelona finisecular. Toda esta parte de Sitges era a finales del siglo XIX un barrio popular. Con aquella adquisición comenzó todo un proceso de destrucción y construcción de un marco incomparable, formado por varios palacios, todos con un estilo neogótico y noble, muy en boga en pleno modernismo, que se acabaría en la década de los años 20 del siglo XX. La verdad es que el conjunto impone y atrae a los turistas. Pero, por suerte para nosotros, muy pocos entran en el Museo. La visita se inicia, precisamente, por la parte que fue del Cau Ferrat. Aquí podemos encontrar sobre todo toda la colección de forjados, muebles, cristales, cerámicas y arte de todo tipo, que Rusiñol fue adquiriendo en sus viajes por toda Cataluña. También hay alguna obra del propio Rusiñol, así como de alguno de sus más insignes amigos, como Ramón Casas, Picasso, etc. Destaca, en la gran sala central, que imita la de un castillo medieval, por encima de todo, un cuadro de El Greco: Las lágrimas de San Pedro. Como Paola tiene raíces griegas, se interesa enseguida no solo por el cuadro sino también por la reivindicación que hicieron los modernistas catalanes de la figura del pintor cretense. Después de visitar el Cau Ferrat, pasamos a la parte del antiguo museo Mar i Cel. Aquí se concentra el legado de varios coleccionistas de arte como la del doctor Jesús Pérez Rosales. Se puede ver una muestra muy variada de diferentes épocas, que van desde murales románicos y góticos pasando por obras modernistas y novecentistas, como una escultura de Josep Llimona, así como obras de Rusiñol, -con alguna de sus características pinturas de jardines españoles-, Fortuny, Casas, y también una sala con murales tremendistas y tenebristas de Josep Maria Sert, con una alegoría sobre la I Guerra Mundial. Sin embargo, el plato fuerte de la visita es el balcón con arcadas sobre el mar. Las vistas sobrecogen y en este día de tormenta aún más, porque el mar choca contra los muros del Museo, como si lo quisieran derribar. Entre los arcos del balcón, varias esculturas de figuras femeninas en calma contrastan con el movimiento de las olas del exterior. Junto al balcón han colocado la estatua original, homenaje a El Greco, iniciativa de Rusiñol y sufragada por donaciones de los habitantes de la población, que estaba situada en el paseo marítimo de Sitges. Ahora allí han puesto una reproducción, porque esta que cobija el Museo está ya muy deteriorada por la sal marina: tanto el rostro, como las manos y la golilla del pintor afincando en Toledo han quedado bastante desfigurados. El paso del tiempo y la cercanía al mar han podido con la sólida piedra, pero no con la reivindicación del genial cretense. Salimos y parece que la lluvia nos da una tregua para que podamos dar un paseo por la parte antigua de Sitges.
Un viaje al rededor de los museos
Museos pequeños, museos con encanto, museos poco conocidos, museos y/o fundaciones de mis artistas o arquitectos favoritos, museos que he tenido el gusto de visitar y que, por diferentes razones, merecerían volver a ser visitados.
Todos los textos y fotos de este blog son autoría y propiedad de Agustín Calvo Galán. Si quieres citarlos o usar las fotos, puedes hacerlo; pero, por favor, indica la procedencia y la autoría. Gracias.
Museos pequeños, museos con encanto, museos poco conocidos, museos y/o fundaciones de mis artistas o arquitectos favoritos, museos que he tenido el gusto de visitar y que, por diferentes razones, merecerían volver a ser visitados.
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lunes, 27 de mayo de 2019
miércoles, 8 de mayo de 2019
Museo de Dubái (Emiratos Árabes Unidos)
Estamos en Al Fahidi. Se trata del verdadero
barrio antiguo de Dubái: muy bien conservado o restaurado, con casas tradicionales
árabes, convertidas ahora en su mayor parte en galerías de arte y restaurantes.
Entramos en una de las galerías: accedemos primero a un patio interior, rodeado
de habitaciones donde se exponen algunas obras, ninguna de interés artístico,
tal vez únicamente decorativo. Las calles de piedra blanca, estrechas, las
fachadas de un solo piso y en colores claros, nos transportan al lugar
tranquilo y originario que fue Dubái hasta los años setenta. Seguimos, de
sombra en sombra, hasta el Dubai Museum, que se encuentra en el interior de un
antiguo fuerte, de hecho es el edificio más antiguo de la ciudad aún en pie y
uno de los lugares más visitados por los turistas. Al llegar vemos como una
multitud de grupos de turistas van entrando y, después, seguirán ordenadamente
paseando por su interior. Oímos todos los idiomas de Europa y de Asia, aquí se
podría hacer también una radiografía de todas las conexiones áreas que Emirates realiza diariamente entre Dubái
y el resto del mundo. El fuerte se muestra por fuera impenetrable con sus muros
altos, hecho de una mezcla curiosa de yeso y coral que le dan un tonalidad
rosado, está formando un rectángulo con dos torres. Al entrar se accede a un
gran patio, donde han colocado varios cañones y barcas de remos de diferentes tamaños y un viejo dhow, recuerdo de los antiguos barcos de
vela árabes que surcaron los mares hacia África y hacia el sudeste asiático
comerciando con especias, perlas y esclavos. Pasamos corriendo hacia las partes
cubiertas, en el interior, porque el sol da de lleno en el patio, al refugio
del aire acondicionado, aunque tengamos que ir como dos ovejitas más, por en
medio de los rebaños de turistas. No nos importa si, a cambio, no nos
achicharramos. En las diferentes estancias habilitadas como museo se muestra la vida en el antiguo Dubái,
antiguo significa aquí anterior a 1971, con maniquíes de hombres y mujeres
vestidos a la manera tradicional dentro del hogar, y también los oficios de
pescador y buscadores de perlas, así como los comerciantes, los religiosos y
los gobernadores o emires, en sus cortes hechas de jaimas en medio del desierto. En una sala se muestran antiguos
vestigios arqueológicos. Es, sin duda, la parte más interesante de todo lo que
se encuentra expuesto en este lugar, también la más auténtica, aquí no hay
maniquíes, sino piezas de verdad, vestigios desde la prehistoria hasta los primeros asentamientos árabes en la zona y
de su comercio con otras partes del mundo antiguo, incluidas piezas fenicias,
griegas y romanas. Curiosamente, en esta sala no hay prácticamente nadie,
estamos solos. Las multitudes prefieren ver escaparates como los de Zara, con
muñecones a la moda árabe de otra época, antes que unas piezas de cerámica o
unas piedras originales, antiguas de verdad. Es así como estos vestigios, que
conectan el golfo pérsico con el Mediterráneo nos hacen viajar a través del
tiempo, y nos devuelven a las orillas de nuestras costas mediterráneas, nos
acercan a casa… Será porque en mi niñez….que
diría Joan Manuel Serrat. Antes de volver a salir a la calle, pensamos muy bien
el trayecto a seguir para llegar lo antes posible a la parada de metro y no
morir de calor por el camino.
http://www.dubaiculture.gov.ae/en/Live-Our-Heritage/Pages/Dubai-Museum-and-Al-Fahidi-Fort.aspx
http://www.dubaiculture.gov.ae/en/Live-Our-Heritage/Pages/Dubai-Museum-and-Al-Fahidi-Fort.aspx
miércoles, 6 de enero de 2016
Museo Yámana de Ushuaia (Argentina)
En el extremo sur de América, en la Patagonia, vivió un pueblo indígena llamado Yámana o Yagán. Los primeros exploradores españoles que se aventuraron hacia sur del continente habían llamado genéricamente fueguinos a los habitantes de aquellas tierras remotas e inhóspitas, porque al dirigir hacia allí sus miradas veían únicamente columnas de humo, por lo que se imaginaban que eran tierras habitadas por personas que hacían grandes fogatas; y así llamaron a aquellos territorios ignotos como Tierra del Fuego. Sin embargo, la lejanía de las tierras colonizadas más al norte, permitió a estos pueblos mantenerse aislados y, por tanto, libres e intactos hasta mediados del siglo XIX, cuando una serie de misioneros británicos se asentaron en la zona para cristianizarlos. Lamentablemente, el encuentro con los misioneros protestantes fue el principio del fin para todos aquellos pueblos originarios, aunque es gracias a ellos que hoy tenemos testimonios escritos sobre sus vidas y costumbres.
Nosotros descubrimos la existencia de los Yámana, palabra que en su idioma significa "ser humano", uno de los pueblos que se encontraba en la Tierra de Fuego, a ambos lados del canal de Beagle, a nuestra llegada a Ushuaia. Aquí todo lleva la coletilla de "fin del mundo": uno puede subirse al tren del fin del mundo, o visitar la prisión del fin del mundo. Pero aquello que Jules Verne bautizó como El faro del fin del mundo se encuentra mucho más al sur y en territorio chileno. Para los argentinos de hoy, tal y como pasaba con los romanos en las costas de Galicia, no cabe duda e insisten en que estamos en la ciudad más al sur del mundo, capital de la provincia argentina de Tierra de Fuego y cuyo nombre proviene de la expresión yámana "bahía profunda", aunque al otro lado del canal de Beagle siga habiendo más tierra, pero se trata de territorio chileno.
En medio de la anodina arquitectura moderna y pretendidamente cosmopolita de Ushuaia, nos encontramos un museo pequeño dedicado al pueblo yámana. Su sencillez exterior, una casa de madera pintada en colores pastel, ajena al "fin del mundo" como eslogan turístico, nos atrae poderosamente. El museo fue inaugurado en 1999 con el nombre de Museo de Maquestas Mundo Yámana, y efectivamente aquí se siguen exhibiendo una serie de maquetas, con representaciones a pequeño tamaño de la vida de este pueblo indígena, a la manera de dioramas como escenas de pesca y de caza, ceremonias, poblados, etc. También se conservan algunos vestigios materiales, como herramientas de pesca, abalorios, pieles, etc. Pero lo que más llama nuestra atención es la reproducción a gran tamaño de parte del legado fotográfico de los misioneros británicos que llegaron a estas tierras a finales del siglo XIX, y que nos muestras la genuina comunión de aquellos pueblos indígenas con una naturaleza dura pero que les proveía de todo lo necesario y, por tanto, su capacidad de supervivencia en un clima tan adverso.
Según se nos informa en el Museo, de los antiguos yámanas tan solo queda hoy algunas trazas genéticas en los habitantes tanto de las provincias argentinas como de las chilenas de la gran región patagónica, así como una artesanía que dota a la zona de cierta originalidad artística. Pero su mundo desapareció hace tiempo. Más allá del folklorismo autóctono y la preservación de la memoria indígena, este Museo nos muestra un tema de plena actualidad: el respeto y la preservación de las comunidades indígenas debe prevalecer por encima de cualquier ansía "civilizadora".
En medio de la anodina arquitectura moderna y pretendidamente cosmopolita de Ushuaia, nos encontramos un museo pequeño dedicado al pueblo yámana. Su sencillez exterior, una casa de madera pintada en colores pastel, ajena al "fin del mundo" como eslogan turístico, nos atrae poderosamente. El museo fue inaugurado en 1999 con el nombre de Museo de Maquestas Mundo Yámana, y efectivamente aquí se siguen exhibiendo una serie de maquetas, con representaciones a pequeño tamaño de la vida de este pueblo indígena, a la manera de dioramas como escenas de pesca y de caza, ceremonias, poblados, etc. También se conservan algunos vestigios materiales, como herramientas de pesca, abalorios, pieles, etc. Pero lo que más llama nuestra atención es la reproducción a gran tamaño de parte del legado fotográfico de los misioneros británicos que llegaron a estas tierras a finales del siglo XIX, y que nos muestras la genuina comunión de aquellos pueblos indígenas con una naturaleza dura pero que les proveía de todo lo necesario y, por tanto, su capacidad de supervivencia en un clima tan adverso.
Según se nos informa en el Museo, de los antiguos yámanas tan solo queda hoy algunas trazas genéticas en los habitantes tanto de las provincias argentinas como de las chilenas de la gran región patagónica, así como una artesanía que dota a la zona de cierta originalidad artística. Pero su mundo desapareció hace tiempo. Más allá del folklorismo autóctono y la preservación de la memoria indígena, este Museo nos muestra un tema de plena actualidad: el respeto y la preservación de las comunidades indígenas debe prevalecer por encima de cualquier ansía "civilizadora".
miércoles, 2 de diciembre de 2015
Casa Museo Benlliure (Valencia)
Si hay una familia de artistas en la España de finales del XIX y principios del XX esa es la familia Benlliure. La Casa Museo Benlliure en la valenciana calle de Blanquerías no solo les rinde homenaje a través de sus obras, también es un buen ejemplo de una casa burguesa de aquella época. La casa fue comprada para uso familiar y como estudio por el pintor José Benlliure Gil (1852-1937), hermano del famoso escultor Mariano Benlliure (1862-1947), y padre del también pintor José Benlliure Ortíz (1884-1916), más conocido como Peppino, muerto a muy temprana edad. La casa de los Benlliure es propiedad del Ayuntamiento de Valencia desde 1958, al ser donada por la familia a cambio de que fuera dedicada a la memoria de los artistas Benlliure. Por tanto, en la Casa Museo podemos ver no solo la colección de arte de la familia, sino también visitar su intimidad: el despacho, la sala de visitas, el comedor, etc. todo acondicionado con muebles de época y donde podemos ver también obras de Sorolla y Muñoz Degrain, amigos de la familia, así como una gran cantidad de objetos de época como porcelanas, lámparas, etc,
Por la parte de atrás de la casa se acede a un amplio jardín, perfectamente conservado, -presidido por un busto en bronce del padre de los Benlliure, obra de Mariano-, en el que fueron colocadas piezas arqueológicas y religiosas, recuperadas de iglesias y conventos, que la familia atesoraba, así como paneles cerámicos típicamente valencianos. Al final del jardín se encuentra el estudio de pintura de José Benlliure, construido en 1904 con ciertos aires góticos, en él podemos sentir el recogimiento que necesitaba el artista durante la creación, así como espiar lo objetos que le rodeaban.
La ciudad de Valencia cuenta con numerosos espacios artísticos y culturales dedicados a una modernidad que, en ocasiones, resultan demasiado grandilocuentes. Sin embargo, la Casa Museo Benlliure nos devuelve al recogimiento y a la visita calmada, a la tradición artística auténtica de la ciudad gracias a una de sus familias más interesante e ilustre.
http://www.museosymonumentosvalencia.com/museos/casa-museo-benlliure/
Por la parte de atrás de la casa se acede a un amplio jardín, perfectamente conservado, -presidido por un busto en bronce del padre de los Benlliure, obra de Mariano-, en el que fueron colocadas piezas arqueológicas y religiosas, recuperadas de iglesias y conventos, que la familia atesoraba, así como paneles cerámicos típicamente valencianos. Al final del jardín se encuentra el estudio de pintura de José Benlliure, construido en 1904 con ciertos aires góticos, en él podemos sentir el recogimiento que necesitaba el artista durante la creación, así como espiar lo objetos que le rodeaban.
La ciudad de Valencia cuenta con numerosos espacios artísticos y culturales dedicados a una modernidad que, en ocasiones, resultan demasiado grandilocuentes. Sin embargo, la Casa Museo Benlliure nos devuelve al recogimiento y a la visita calmada, a la tradición artística auténtica de la ciudad gracias a una de sus familias más interesante e ilustre.
http://www.museosymonumentosvalencia.com/museos/casa-museo-benlliure/
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viernes, 6 de noviembre de 2015
Museo Toulouse-Lautrec de Albí (Francia)
La coqueta ciudad de Albí, a orillas del río Tarn y a unos pocos kilómetros de Toulouse, en el sur de Francia, cuenta con un casco antiguo medieval perfectamente conservado, Patrimonio Mundial de la UNESCO, del que destacan su magnífica catedral de Santa Cecilia de ladrillo rojo y el palacio de la Barbie, antiguo palacio episcopal, a modo de fortaleza, perfecto ejemplo del poder que los obispos de Albí habían tenido en siglos pasados. Actualmente es la sede del Museo Toulouse-Lautrec. Y es que si hay en el mundo un albigense famoso no es ningún obispo, sino el más popular de los pintores bohemios de finales del s. XIX: Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901)
El Museo se creó en 1922 gracias al legado de los condes de Toulouse-Lautrec, pues el pintor había nacido en el seno de una familia noble del sur de Francia. Pasó su infancia en la campiña cercana a la ciudad de Albí, y aunque era enfermizo y sufrió un desgraciado accidente que le rompió ambos fémures y le impidió crecer adecuadamente, marchó de joven a París para seguir con su vocación de pintor. Sería en la capital francesa donde se relacionaría con los pintores impresionistas de la época y frecuentaría los locales de ocio nocturno como el Moulin de la Galette, el Moulin Rouge, Le Chat Noir, etc. Todo ello quedaría reflejado en su obra, considerada postimpresionista, donde se pintaba desde la vida cultural de los salones de la alta burguesía, pasando por la vida nocturna en los bailes populares, hasta los bajos fondos y la prostitución.
En su museo en Albí podemos encontrar una excelente muestra de sus obras. Resultan curiosos, por poco conocidos, sus primeros cuadros de juventud, donde destaca el caballo como temática campestre. Por supuesto, también podremos ver una parte importante de los cuadros sobre su vida nocturna e íntima en París, así como los magníficos carteles que marcaron una nueva época en el arte contemporáneo, con la popularización de la ilustración pública, y que influyeron tremendamente en artistas posteriores.
Henri de Toulouse-Lautrec resulta una figura fascinante y muy atrayente tanto por la vida que llevó como por su arte. No obstante, en el Museo de Albí podemos acercarnos a su figura y profundizar en un legado que sobrepasa los estereotipos que sobre él se han difundido (gracias, en parte, al cine), para volver a sorprendernos ante un artista intemporal.
http://musee-toulouse-lautrec.com/
El Museo se creó en 1922 gracias al legado de los condes de Toulouse-Lautrec, pues el pintor había nacido en el seno de una familia noble del sur de Francia. Pasó su infancia en la campiña cercana a la ciudad de Albí, y aunque era enfermizo y sufrió un desgraciado accidente que le rompió ambos fémures y le impidió crecer adecuadamente, marchó de joven a París para seguir con su vocación de pintor. Sería en la capital francesa donde se relacionaría con los pintores impresionistas de la época y frecuentaría los locales de ocio nocturno como el Moulin de la Galette, el Moulin Rouge, Le Chat Noir, etc. Todo ello quedaría reflejado en su obra, considerada postimpresionista, donde se pintaba desde la vida cultural de los salones de la alta burguesía, pasando por la vida nocturna en los bailes populares, hasta los bajos fondos y la prostitución.
En su museo en Albí podemos encontrar una excelente muestra de sus obras. Resultan curiosos, por poco conocidos, sus primeros cuadros de juventud, donde destaca el caballo como temática campestre. Por supuesto, también podremos ver una parte importante de los cuadros sobre su vida nocturna e íntima en París, así como los magníficos carteles que marcaron una nueva época en el arte contemporáneo, con la popularización de la ilustración pública, y que influyeron tremendamente en artistas posteriores.
Henri de Toulouse-Lautrec resulta una figura fascinante y muy atrayente tanto por la vida que llevó como por su arte. No obstante, en el Museo de Albí podemos acercarnos a su figura y profundizar en un legado que sobrepasa los estereotipos que sobre él se han difundido (gracias, en parte, al cine), para volver a sorprendernos ante un artista intemporal.
http://musee-toulouse-lautrec.com/
miércoles, 7 de octubre de 2015
Centro José Guerrero de Granada
Gracias a un pasado prodigioso tanto histórica como culturalmente, Granada cuenta con un sinnúmero de atractivos artísticos y arquitectónicos mundialmente reconocidos. No obstante, una visita a la ciudad de la Alhambra también nos puede proporcionar un acercamiento al arte contemporáneo; y es que en pleno casco antiguo, junto a la catedral y a otros edificios de gran interés, en lo que fue la antigua Alcaicería (centro mercantil de época árabe, dedicado al comercio de la seda), se inauguró en el año 2000 un espacio expositivo dedicado a la cultura contemporánea: el Centro José Guerrero, una institución que lleva el nombre de un artistas granadino que vivió a caballo entre los EEUU y España: José Guerrero (1914-1991): conocedor de las vanguardias de principios de siglo XX, desarrolló, a partir de los años 50, una intensa obra pictórica muy relacionado con el expresionismo abstracto estadounidense, donde el cromatismo le permitió crear obras singulares de mucha expresividad y con muy pocos elementos formales, como el impresionante lienzo La brecha de Víznar (1966) dedicado al fusilamiento de García Lorca, que actualmente se puede contemplar en el Centro. Además, ejerció gran influencia en los artistas españoles de la segunda mitad del siglo XX, ayudando, por ejemplo, a la creación del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca.
Por otro lado, el Centro no solo expone una amplia muestra de la obra de José Guerrero, gracias a las donaciones de la familia del pintor granadino a la Diputación de Granada tras su fallecimiento, y fomenta su conocimiento y difusión, sino que cuenta con una programación estable de exposiciones temporales de otros artistas contemporáneos y también realiza numerosas actividades como publicaciones y conferencias, siempre con el arte contemporáneo como bandera, lo que convierte al Centro no en una institución museística al uso, sino en un espacio de relación crítica con la realidad de nuestro tiempo, en la que el visitante puede ser partícipe de manera estimulante tanto de problemáticas como de experiencias en las que el arte (contemporáneo) puede y debe jugar un papel en la sociedad actual.
http://www.centroguerrero.org/
Por otro lado, el Centro no solo expone una amplia muestra de la obra de José Guerrero, gracias a las donaciones de la familia del pintor granadino a la Diputación de Granada tras su fallecimiento, y fomenta su conocimiento y difusión, sino que cuenta con una programación estable de exposiciones temporales de otros artistas contemporáneos y también realiza numerosas actividades como publicaciones y conferencias, siempre con el arte contemporáneo como bandera, lo que convierte al Centro no en una institución museística al uso, sino en un espacio de relación crítica con la realidad de nuestro tiempo, en la que el visitante puede ser partícipe de manera estimulante tanto de problemáticas como de experiencias en las que el arte (contemporáneo) puede y debe jugar un papel en la sociedad actual.
http://www.centroguerrero.org/
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